miércoles, agosto 08, 2018

MÚSICA | MADAME GANDHI, una mujer que despierta neuronas con sus beats

Por Francisca Neira.


Kiran  Gandhi es productora de música electrónica, baterista y activista. Criada entre New York y Bombay. Su música y sus discursos se centran en el empoderamiento femenino. Es una de las protagonistas de lo que es considerada "la cuarta ola del feminismo”. Hija de una filántropa y un trabajador social cree que si no hay igualdad el mundo se autodestruirá. Hoy en Argentina se decide si la interrupción voluntaria del embarazo puede ser legal o no. Pasen y lean esta nota sobre una joven que promueve el empoderamiento para que todes tengamos la libertad de poder elegir sobre cómo queremos ser.



Atreverse a enarbolar un discurso distinto, ya sea contracultural o innovador es, muchas veces, considerado una locura. Atreverse a vivir y encarnar ese mismo discurso, por su parte, requiere un tipo de esfuerzo diferente y una interacción con el entorno que exige, por decir lo menos, estar a la defensiva o tener disposición para aceptar las críticas que una y otra vez se dejarán caer de uno u otro lado. Tal es el caso de Madame Gandhi, joven promesa del electro feminismo que promete mover los pies y las neuronas tanto dentro como fuera de la pista de baile.

En el último tiempo se han comenzado a escuchar en diferentes y variados lugares algunos sonidos que, después de un periodo de rotación constante, comenzaron a resultar familiares en ámbitos de lo más dispares. Mucho beat, harto loop de voces y uno que otro rasgo tribal, principalmente en las predominantes baterías, llenan los espacios musicales de la obra de Madame Gandhi, una joven artista y activista que, a través de su música, ha decidido no solo cantar acerca del feminismo sino que vivirlo y demostrar que es una forma de entender todo aquello que nos rodea y, desde ese punto de vista, plantearlo como algo que nos concierne a todos y que es una opción viable para adoptar en el mundo actual.

Con todavía menos de 30 años, la estadounidense con ascendencia india, Kiran Gandhi, es un excelente ejemplo de lo que gran parte de las generaciones nacidas a partir de la década de 1990 cultivan como forma de vida: una mirada holística de la realidad que les permite acercarse sin miedo ni culpas a aquello que les interesa sin pensar, mayormente, en la lógica o sentido que esos fragmentos puedan tener. Lo importante para estas generaciones tiene que ver con lo que ellos pueden crear a partir de los más dispersos y diversos elementos que manejan.

En el caso de Gandhi, su paso por la universidad lo hizo estudiando materias tan disímiles como matemática, humanidades y estudios de género. La primera la acercó a la industria musical por medio del análisis de datos para algunas compañías y, las dos últimas la llevaron a desembocar en la interpretación de sus propias obras tras los sintetizadores y, principalmente, tras los tambores de la batería, desafiando en sus colaboraciones y equipo de trabajo al patriarcal negocio musical que, entre otras cosas, es uno de los que más promueve estereotipos femeninos arraigados a imágenes sumisas o hipersexuadas para el disfrute masculino.

De dicha forma y después de haber colaborado como baterista con la rapera M.I.A., el dúo Thievery Corporation y la muy joven cantante Kehlani, editó en 2016 su primer EP, Voices, que vino a romper con varias tradiciones de la industria musical, por ejemplo, su estrategia publicitaria contó con internet como único medio considerado en la difusión del disco, democratizando el acceso a la música y, más importante aún, al discurso contenido en ella. Podríamos hablar de esta simbiosis como un electro feminismo que, en palabras de la propia Gandhi, “eleva y celebra las voces femeninas”, así en plural porque reconoce sin tapujos las diferencias que entre las mujeres, las femineidades y las sexualidades existen.

En ese sentido, la forma que adquiere el discurso musical cobra real importancia, así como la reflexión que se hace acerca de él. Madame Gandhi señaló en una entrevista para Billboard que en Voices usa su voz de muchas formas diferentes: “estoy rapeando, estoy cantando, estoy llorando estoy [haciendo un looping de mi voz], estoy haciendo beat-boxing, estoy susurrando”, evidenciando que la complejidad de la femineidad se ha negado e, incluso, abolido en ciertos aspectos, reivindicándola y mostrando su manifestación como un ejemplo a seguir. De hecho, de las cinco canciones que componen el EP, dos han logrado trascender discusiones a espacios extra musicales: “Her”, que en sus cuatro líneas que se repiten una y otra vez hace una apología a las mujeres líderes del mundo (fue creada pensando en Hillary Clinton, pero luego se expandió para referirse a muchas otras figuras), es también un llamado a comprender que una fémina empoderada depende de todo el resto que la apoya, es decir, somos todas; y “Future is Female” que retoma la conocida frase de los años 70 y que apunta, precisamente, a entregar “un mensaje de esperanza en torno a que algún día viviremos en un mundo en el que las cualidades de las mujeres serán valoradas y elogiadas de la misma forma que las de los hombres, en el que la inteligencia emocional superará al ego, en el que se celebre la colaboración y en el que las mujeres sean vinculadas y no clasificadas”.

La veta activista de la blonda baterista se refleja también en su actuar bajo del escenario: en 2015 corrió los 42 kilómetros de la Maratón de Londres en el primer día de su período sin ningún dispositivo que contuviera el sangrado, ubicando el tema de la higiene femenina y la propia menstruación en la palestra de las discusiones alrededor del mundo. La veta musical, por su parte, la sitúa en un lugar de innovación en cuanto a las estrategias comerciales y de producción además de ser une eje en torno al cual colaboran principalmente otras mujeres.

Hoy Madame Gandhi se yergue como un ícono del feminismo contemporáneo, manejando los códigos éticos y estéticos de las nuevas generaciones, volviéndose un producto llamativo, bailable, entretenido, a la vez que rebosante de contenido que nos invita a seguir su ejemplo y que nos hace reflexionar acerca del feminismo y la sororidad  ya no utopías ni discursos académicos de elite, sino que como visiones perfectamente practicables sin gravedad y con total naturalidad en los contextos más inesperados de la vida cotidiana.



miércoles, julio 25, 2018

MÚSICA | HABLEMOS DE CONCIERTOS Y RECUERDOS TRANSPIRADOS























Por Francisca Neira.

El emblemático cuarto disco de la banda chilena lanzado al mercado en 1990, producido por Santaolalla y Kerpel para EMI y que muchos críticos consideran el primer trabajo solista de Jorge González significa aún hoy un hallazgo de culto en la historia de la música latinoamericana.


En mayo de 1990 habían pasado recién unos meses desde mis ocho años de edad y vivía en Antofagasta, una de las ciudades del extremo norte de Chile, en la costa, junto al Desierto de Atacama. Ese mes se publicó Corazones, el cuarto disco de Los Prisioneros, una banda musical nacida durante los últimos años de la dictadura de Pinochet que con su rock simple, de canciones cortas y letras contestatarias supo encarnar a la perfección el sentimiento de una parte importante de la población que añoraba la salida del dictador y el retorno de la democracia.

Ese mismo año, de hecho, estuvo marcado precisamente por la asunción al poder del primer gobierno elegido en comicios libres tras 17 años de totalitarismo y el giro, ideológico y cultural, se evidenciaría en los más diversos contextos de la vida cotidiana desde la apertura ya sin condiciones a un sistema neoliberal, hasta un cambio radical en la forma de divertirse y festejar en un país que vivió sumido en el toque de queda y la represión durante años.

Evidentemente la música fue uno de los pilares que sostuvieron esa apertura en la cultura popular. Mi madre, consciente del momento que se vivía, nos llevó a mi hermana menor (!), a una vecina y a mí al concierto que la renovada formación de Los Prisioneros ofreció en el estadio de nuestra ciudad en el marco de la gira promocional del álbum. Aquel fue mi primer concierto y Corazones se volvió uno de mis discos favoritos hasta el día de hoy.

El material, integrado por nueve canciones que retoman un lenguaje musical que nunca fue totalmente ajeno a la banda y que estaba basado en el uso de sintetizadores y secuenciadores que esta vez aparecieron con mayor protagonismo y menos oscuridad que en los discos anteriores de la agrupación en los que predominaban las guitarras y baterías opacantes.

La producción, a cargo de Anibal Kerpel y Gustavo Santaolalla, además del cambio de la batería análoga de Miguel Tapia por una electrónica y el switch de la guitarra de Claudio Narea por los teclados de Cecilia Aguayo fueron, probablemente, los factores decisivos en ese sonido que hasta el día de hoy se cuela en los oídos de forma característica: bailable y pegadizo pero agresivo y provocador a la vez.

Las letras distan de la rebeldía de los primeros trabajos de Los Prisioneros. De acuerdo a la biografía no autorizada del grupo, Corazones Rojos (Aguilar, 1999) escrita por el periodista chileno Freddy Stock, el LP en su totalidad habría sido compuesto por Jorge González, líder, vocalista y bajista de la banda, a la mujer con quien sostuvo una relación apasionada, pero prohibida: Claudia Carvajal, la esposa del mencionado Narea, amigo desde la época del colegio de González y guitarrista de Los Prisioneros durante los primeros tres discos y también en un reencuentro posterior, en el siglo siguiente.

“Amiga Mía”, “Cuéntame una Historia Original” y, sobre todo, “Estrechez de Corazón” son canciones que de una manera u otra rescatan la tradición autoflagelante y dolorosa de los boleros de antaño, con una poesía tosca (bruta, incluso) pero rebosante de sentimientos que cuesta entrever si corresponden a rabia o amor. “Es tan difícil pensar con calma si estoy quemando mi corazón” nos canta González antes de desgarrarse en un “puse mi corazón en tus manos de niña”, frases que aunque inocentes, vulgares por comunes, “puñaleras”, seguramente representan en gran medida el sentimiento que más de alguna vez nos ha embargado a todos. “Estrechez de corazón” se ha convertido en un himno de la noche Santiaguina y es coreada a todo pulmón incluso por las generaciones que nacieron con posterioridad al ’90, aunque el mismo González haya señalado que no le gusta tocarla en vivo por el esfuerzo que requiere. “Es muy colorienta” fueron sus palabras.

Corazones, en su simpleza, vino a vomitar desamor, rabia, y sentimiento puro y grotesco sobre un país que vivía en la medida de lo posible, fingiendo modernidad, ocultando los muertos y las expresiones de tristeza; vino a gritar lo que a nivel personal se exigía callar, lo que de las entrañas saliera. Mientras el gobierno y los medios de comunicación evitaban los temas de sangre, la carátula del LP muestra una camisa blanca coronada con una mancha roja en el lugar del corazón, pero en el costado derecho (en ediciones posteriores se invirtió la imagen para que coincidiera con el lado “correcto del corazon”), sin aclararse hasta ahora la intencionalidad de esa decisión y, de la misma forma, mientras se busca mantener una sociedad “ideal”, González nos escupe “Corazones Rojos”, compuesta en un principio para la banda femenina Las Cleopatras, un rap convertido en himno del feminismo que funciona como un desagradable espejo del machismo propio de la época.



En definitiva, Corazones es un disco fundamental, no tanto por la tradición que podría inaugurar (no creo que lo haga), pero sí por toda la información que nos entrega del momento en que se grabó y publicó así como de los músicos que lo tocaron. No obstante es un gran disco porque es íntimo y desvergonzado, saca del clóset la sensibilidad por años escondida y reprimida, es una explosión de amor, desamor, llanto, sangre, rabia, sudor, y obviamente, soledad.  Corazones resuena en el pecho rocker de los chilenos hasta retumbar en cada latido latinoamericano.       


viernes, julio 13, 2018

TEATRO | LA ISLA DESIERTA, teatro ciego para ojos que sienten


























Por Darío Cortés

El grupo Teatro Ciego Argentino presenta por estos días de JULIO Y AGOSTO  y con una ya larga trayectoria, en el espacio KONEX, dos propuestas: “La isla desierta” adaptación de la obra de teatro de Roberto Arlt  y para los más chicos en vacaciones de invierno: “Quiroga y la selva iluminada”.


Desde la mitología griega se sabe que los sabios más justos eran ciegos. Tiresias fue el adivino ciego de la ciudad de Tebas y uno de los más célebres. Aparece en los fragmentos relacionados a esta ciudad desde la época de Cadmo hasta la expedición de los Epígonos: fue el consejero para entregar el trono de la ciudad al vencedor de la Esfinge y, más tarde, sus revelaciones conducirán a Edipo a descubrir el misterio que rodeaba su nacimiento y sus involuntarios crímenes. A su vez Edipo por no soportar “haber visto” la verdad es que se quita los ojos y se auto exilia en el desierto, porque sus ojos no soportaron el exceso de verdad. Entonces el también se transforma en un ciego sabio.
Además este adivino, se presenta en el Canto XI de la Odisea de Homero: el héroe Odiseo, con el fin de averiguar las circunstancias en que se desarrollará su regreso a Ítaca, viaja al Hades para consultar a emblemático ciego.

Tiresias era ciego desde joven. Según las versiones, su ceguera fue causada por la diosa Atenea (que lo castigó por haberla sorprendido mientras se bañaba) o por la diosa Hera (tras mediar en una disputa sobre el placer que tenía con Zeus), aunque en ambos casos le fue concedido en compensación el don de ver el futuro. En la última versión, narrada por el autor latino Ovidio en su obra Las Metamorfosis, Tiresias sorprendió a dos serpientes apareándose, las separó matando con su bastón a la hembra y, a raíz de esto, se convirtió en mujer. Siete años más tarde, Tiresias volvió a ver a las mismas serpientes en las mismas circunstancias, volvió a golpearlas con su bastón para separarlas matando a la serpiente macho, y al hacerlo se convirtió nuevamente en varón. Esta experiencia única hizo que Zeus y Hera recurrieran a él como árbitro en una discusión sobre quién experimentaba más placer, si los hombres o las mujeres. Cuando Tiresias afirmó que el hombre experimenta una décima parte del placer que la mujer, Hera, indignada por haber él revelado su secreto, lo castigó dejándolo ciego. Zeus, sin embargo, le otorgó el don de la profecía y una larga vida.

Estos celebres personajes ciegos de la mitología griega, de alguna forma por mas que no estén mencionados directamente otorgan un plus al espectáculo “La isla desierta” (dirigido por José Menchaca) y en primer lugar aportan imaginación, sabiduría y creatividad. No ver proporciona beneficios sensoriales e imaginativos como espectador y por lo tanto, de alguna manera, vuelve imaginativo al público más que en ninguna otra obra porque debe reponer las imágenes que “no vemos” peros si sentimos y apreciamos, en la sala adaptada a esta propuesta del espacio Konex del Abasto. Como en la Antigüedad lo hacían los sabios cuando la verdad no se podía ver y había que imaginarla o adivinarla y eso a su vez era sinónimo de sabiduría.

No se pueden perder esta experiencia que es más que una obra de teatro porque lo que propone el grupo Teatro Ciego Argentino es otra cosa. Desde el comienzo, en la antesala, es necesario desconectarse de todos los equipos celulares y vivir la experiencia como lo viven día a día aquellas personas no videntes. Es decir, además de ser una adaptación libre, lúcida, que se toma muchas licencias con respecto a la obra de teatro original de Arlt, esta propuesta tiene como objetivo que el espectador se ponga en el lugar del otro, es decir, que suceda lo que Aristóteles llamaría “mimesis” o para volverlo mas coloquial: tratar de experimentar más de una emoción y sensación e identificarse con el otro, en esta hora que dura el destacado espectáculo que ya lleva una década en cartel.

Es un grupo de teatro conformado por interpretes videntes y no videntes. La propuesta busca, como sus mismos creadores lo presentan, poner en jaque a la vista, la tan mal llamada "madre" de los sentidos, para destacar otros sentidos y sensaciones:  el olfato, el oído, el tacto, las emociones. Y sin lugar a dudas la imaginación. Así como leer la obra de teatro dispara imaginarios varios como por ejemplo preguntarse: ¿Cómo seria la voz de la oficinista Maria? ¿Cómo hablaría el jefe? ¿Qué ruidos se escucharían de fondo en la oficina? o ¿Cómo huele y qué sonidos hay en esa isla que cuenta el viajero - en esta puesta - devenido cordobés?



Lo interesante de la propuesta es que más que en ninguna otra obra el espectador es invadido o invitado por estímulos que lo llevan por distintos caminos. Está sentado en una silla y es guiado en todo momento y contenido por el equipo de producción, pero sin embargo en este espectáculo, se viaja, se siente. El espectador visita otros mundos, como en la literatura. No se pueden perder esta obra, los que aun no la hayan visto.

Además en vacaciones de invierno se suma una especial adaptación para chicos –creada por el mismo grupo – del maravilloso libro “Cuentos de la selva” que Horacio Quiroga escribiera por 1918 e invita a los más pequeños y porque no a los adultos a adentrarse en este universo también plagado de sensaciones.Dirigida por Laura Cuffini.

Dejen de lado, por un momento, el cine 4D y los estímulos que no logran conmover ni estimular como lo hacen estas obras de teatro de una composición artística, artesanal y con un espíritu de integración que nos involucra a todos.

Consultar los horarios de funciones en :

info@teatrociegoargentino.com


jueves, julio 12, 2018

TEATRO | EL ASADO DE PLATÓN: filosofía, picada y vino hasta los huesos



























por 
Adrián Melo


El asado de Platón acerca el emblemático texto de Platón a nuestros días y lo convierte en almuerzo compartido y monólogo. Los domingos al mediodía en El Camarín de las Musas.

Los textos clásicos –en mayor medida aun si son filosóficos- suelen ser revestidos de cierta aura de solemnidad, sacralización y aburrida seriedad. En el caso del Simposio de Platón –que es estrictamente el nombre del llamado generalmente Banquete ya que alude el ritual de danzas, bebidas y conversaciones que siguen a la comida- eso va en contra del espíritu mismo de la obra. Porque el banquete del diálogo platónico es una  celebración del vino, los discursos y el Eros.

Por ello la idea de Cristián Palacios de extrapolar los personajes y el escenario de la obra de Platón a un asado en la actualidad resulta adecuada y tiene muy buenos resultados. En efecto, El Asado de Platón propone una picada y un asado de la que forman parte los espectadores. En ese ambiente anárquico de mesas, platos y cubiertos y donde el público protesta hasta si se le cae un cuchillo es de destacar la hospitalidad con la que el autor/director y el actor Juan Manuel Caputo -que interpreta con gracia y encanto a todos los personajes- reciben a los comensales, la amabilidad que genera el clima amistoso que requiere la obra y la destreza artística para captar la atención y para que puedan ser dichos y escuchados los textos.

Agatón, en honor de quién se hace la comida, deviene en un cineasta, se nombra al actor "Pablo Porongo" y los discursos sobre el amor se reducen a cuatro: el de la libidinosa Fedra para quien el amor es la fuerza arrebatadora del deseo, la violencia hija de la espuma en la que Crono castró a Urano;  el del narigón y payador Polifemo para quien el amor es lo que queda después que se termina la pasión (Si los amantes Píramo y Tisbe no se hubieran suicidado juntos merced al odio de sus familias en lugar de inmortales quizás se hubieran convertido en un matrimonio aburrido), el de un Sócrates consagrado y algo grandilocuente que se limita a indagar y el del bello y beodo Alcibíades quien –como en la obra original- se queja de que Sócrates (“¡viejo feo, agrandado y travesti!”) lo enamoró con el erotismo de las palabras, nunca lo tocó y lo abandonó.  De esta manera se rescatan los amores hétero y homosexuales, la festividad del bajo vientre (el cuerpo, el buen comer y el buen sexo) y de lo escatológico,  la discusión inmortal sobre el amor de la obra de Platón y el encuentro resulta esa celebración de la amistad y de la vida que impregna el espíritu del diálogo original.


El Asado de Platón de Cristian Palacios. Actor y asador Juan Manuel Caputo, El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960. Domingos 12 hs.













CRÉDITOS

"El asado de Platón" ha sido estrenada en el marco del IX Festival Internacional de Teatro Pirologías 2015 y ha participado de los siguientes festivales: 6ª Mostra de Teatro do Grupo. Joao Pessoa. Paraíba. Brasil; 10° Festival Nacional de Teatro TEATRAZO. Puerto Madryn. Argentina; 5° Festival Internacional de Teatro Santiago OFF, Santiago de Chile. Chile; 11° Festival Internacional de Artes Escénicas Bahía Teatro 2016. Bahía Blanca. Argentina y en el 3° Festival de Teatro en Espacios Inesperados. Vicente López. Argentina


Ficha artístico técnica:

Actor y Asador: Juan Manuel Caputo

Autor: Cristian Palacios

Versión libre de El Banquete de Platón

Asistente de dirección y de asador: Mariano Bassi

Colaboración Musical: Pablo Maitía

Diseño de Luces: Juan Manuel Caputo y Cristian Palacios

Puesta en escena: Juan Manuel Caputo y Cristian Palacios.

Producción General: Compañía Nacional de Fósforos

Prensa & Difusión: Simkin & Franco

Dirección: Cristian Palacios

Duración: 90 minutos aproximadamente [50 minutos de espectáculo + 40 minutos de comida]


jueves, mayo 24, 2018

TEATRO | SI HAY UN LOCO EN LA FAMILIA, QUE NO SE NOTE



Por Darío Cortés.

El loco y la camisa – los jueves en el teatro El Picadero – es una creación del prestigioso y reconocido grupo Banfield Teatro Ensamble, dirigido por Nelson Valente. Una propuesta imperdible que transporta al espectador de la comedia a la angustia en una velocidad de luz y permite reflexionar acerca de los vínculos familiares y de qué se trata la “normalidad”.



“Prefiero una locura que me entusiasme y me dé algún motivo para seguir
a una verdad que me deje abatido y solo”
Christopher Wieland
(Joven guionista estadounidense, autor de “The rest of your life -2001-”)


La “locura” como temática constitutiva de la literatura (y específicamente del género dramático) es un contenido que nació como resultado de la evolución del hombre. Si bien podríamos señalar personajes que estaban “locos” o hacían “locuras” en las comedias de Plauto o Menando en la Antigüedad, es a partir del Renacimiento cuando el hombre se auto percibe como sujeto y a partir de allí uno de los temas recurrentes en todas las formas literarias es la locura o el loco que antes era motivo de burla o comedia, a partir de esta etapa dentro de la periodización, el loco también es un sujeto que siente y la locura es un estado en el que cualquiera podría “caer”.

En pocas disciplinas artísticas se ha dado tanta rienda suelta a la locura como en el teatro y a su encarnación en la figura del loco. La atracción (mezcla de fascinación y rechazo) que el ser humano siempre ha sentido por aquellos individuos que al tener las facultades mentales alteradas, se los ha considerado ajenos a las normas sociales establecidas encontró un espacio de florecimiento ideal en el teatro (género que en el Renacimiento heredó gran parte de su idiosincrasia en la tradición  carnavalesca). Desde Erasmo de Roterdam y su “Elogio de la locura” (1511) hasta Cervantes y “El Quijote” (1605-1615) la figura del loco es  introducida en las historias como aquellos seres que perdieron el juicio o alejaron al individuo de la razón.


Así como cada etapa del teatro es hija de su época, a partir de la influencia del psicoanálisis se puede hablar propiamente de psicologías afectadas por algún tipo de patología y cómo estas quedan bien representadas en la dramaturgia. Recién en el teatro de Luigi Pirandello a través de la relación tan especial que estableció con su esposa que permaneció cuarenta años en un psiquiátrico e inspiro más de un personaje en teatro, podría decirse que el personaje del loco aparece en los textos de teatro de forma contundente para quedarse hasta la actualidad.

En la obra “El loco y la camisa” (que se presenta desde 2009 en diversos puntos de Buenos Aires y el mundo, con sendas premiaciones, actualmente se puede ver en el teatro El Picadero los jueves a las 22.15hs) se ven pinceladas de esta emblemática figura o personaje que pone en funcionamiento esta historia sobre una familia que parece constituida barranca abajo. Es decir, no es una familia venida  a menos sino un grupo humano que desde su constitución o por la singularidad de sus integrantes se empezó a caer desde el vamos. “El loco” en este caso es el otro, el que puede generar el peligro y puede desatar alguna catástrofe. El otro o el loco es una bomba de tiempo que no es posible controlar, porque siempre va a ser una amenaza, porque aparentemente como dice su hermana: “siempre lo arruina todo”. Por eso Beto, el loco (impecablemente interpretado por Julián Paz Figueira), es tan incómodo para todos – menos para la madre de esta entrañable y decadente familia –. Para la madre (interpretación conmovedora de Lide Uranga)  el loco puede ser visto, mimado, comprendido e incluso tenido en cuenta más allá de la intimidad diaria familiar. O como ella misma dice: “¿Qué querés que hagamos con él? ¿Le ponemos un collar de perro y lo dejamos atado en la terraza? ¿Eso querés? ¿Qué nadie lo vea?”.

El argumento de la obra es claro y simple: hay una familia integrada por un matrimonio de sesenta años ya vencido, una hija arañando los 30 y un hijo menor de veintialgo que sufre algún tipo de trastorno mental. El conflicto surge cuando la hija (en la piel de Soledad Bautista como la negadora hermana que igual quiere a su hermano loco)  invita a su prometido a cenar a casa. El muchacho (José Pablo Suárez) vendrá desde San Fernando a Banfield y se crean situaciones tan artificiales y horrorosas que tal vez, desatada la catástrofe, convendría para la muchacha mostrar la realidad de su familia tal como es. Pero como se dice allí: “la verdad, duele”. El primer acuerdo es que el loco no se asome de su habitación. La trama es simple y compleja al mismo tiempo, la cantidad de conflictos van creando capas de intimidades entre madre e hijo, entre hermana y hermano, entre esposo y esposa o entre hijo y padre (Ricardo Larrama) que para protegerse de todo aquello que lo acorrala, miente, grita, pega y se enfada por cualquier cosa. El loco se mueve como puede en esta familia disfuncional (o ¿existe la familia funcional?). El texto – creado entre Nelson Valente y los actores - pone de manifiesto que al loco mejor no molestarlo, mejor no alterarlo, mejor dejarlo tranquilo porque puede pasar cualquier cosa. Y sobre todo que no hable porque a veces, cuando no desvaría, dice verdades que duelen demasiado.

La violencia que está presente en la obra, sorprende porque está al borde de lo tragicómico. A veces se hace manifiesta en acciones, palabras, en sucesos del pasado dentro de la historia familiar o en anécdotas del presente en la oficina donde trabaja el padre. El sometimiento de las mujeres al servicio del líder patriarcal deja secuelas en el propio Beto. Acá las mujeres no toman decisiones, acá importa lo que piensan los hombres, aunque estén locos. Incluso Beto manipula a las mujeres de la casa desde su propia conciencia e inconsciencia de los hechos que se presentan.

La obra lleva al espectador a preguntarse: ¿Quiénes son los locos? ¿Quién es el loco y quién es el cuerdo, realmente? Y esas preguntas son aplicables a esta familia que es una reducción de una comunidad y también son extensibles a la sociedad.

Es destacable el trabajo de Nelson Valente como director capitán de este barco-compañía. Si aún no viste la obra, es interesante tenerla en cuenta. Si te gusta el teatro realista que narra historias con la nobleza que define al teatro independiente a pulmón, de buena calidad, deberías verla. El teatro El Picadero constituye, en este sentido, un espacio de oxígeno en esta cada vez más asfixiante Buenos Aires y en una cartelera de teatro incierta, con comedias que no invitan a la reflexión. Por eso “El loco…” es una excepción y un hallazgo. El ojo crítico del destacado productor Sebastian Blutrach para seleccionar espectáculos interesantes y hacerle un espacio a las obras que nacieron del off y se merecen otra gran vidriera, como “Mi hijo camina un poco más lento” que también se presenta en la misma sala es una razón más que celebrable. Esta programación se agradece. Es algo excepcional, el hecho de que haya espacio en el circuito comercial para historias de calidad y a corazón abierto que dejan un sabor a esperanza e invitan a la comedia para poder pensar.


Créditos:
EL LOCO Y LA CAMISA
Todos los jueves 22:15 hs. en el Teatro El Picadero
Dirección: Pje. Santos Discépolo 1857, C.A.B.A. Buenos Aires. Argentina.
Teléfono: 5199-5793
Web: www.teatropicadero.com.ar

Ficha técnica:
Elenco: Soledad Bautista, Julián Paz Figueira, José Pablo Suárez, Ricardo Larrama, Lide Uranga
Diseño escenográfico: Luciano Stechina
Fotografías: Mariana Fossatti
Diseño gráfico: Clara de Olano / Mariana Fossatti
Dramaturgia: Nelson Valente (diálogos en colaboración con los actores)
Contacto: prensaelloco@gmail.com

Redes:
Twitter: @ellocoylacamisa
Facebook: El loco y la camisa

sábado, abril 28, 2018

LITERATURA | OPERACIÓN VALLESE, el libro del primer puto peronista


Por Adrián Melo.

Quien quedó en la memoria colectiva como el primer desaparecido fue a su vez narrado por un puto y peronista: Pedro Barraza. El periodista Pablo Waisberg recupera esa historia con la publicación de “Operación Vallese. Barraza, el hombre detrás de la historia”


En La homosexualidad en Argentina, Carlos Jáuregui afirma que, según testimonio de uno de los integrantes de la CONADEP, habrían existido por lo menos cuatrocientos homosexuales engrosando la dolorosa lista de desaparecidos. Si bien no existió una persecución sistemática basada en el género o la elección sexual, es difícil deslindar en el terrorismo de Estado argentino los muertos a causa de su condición sexual. En todo caso es casi seguro que los hubo y es posible afirmar que muchos de ellos habrán sido particularmente insultados y humillados por ser gays, lesbianas o travestis.

Por ello y como amorosa contribución a la memoria LGTBIQ es valioso el rescate que propone Pablo Waisberg de la figura de Pedro Barraza, el activista y trabajador de prensa que en su época investigó y denunció a los responsables del crimen de Felipe Vallese, sin duda mártir icónico de la liturgia peronista. Operación Vallese. Barraza, el hombre detrás de la historia empieza no inocentemente con una escena trágica: los cuerpos de Pedro Leopoldo Barraza de treinta y seis años y de su novio Carlos Ernesto Laham, de 20 años, alevosamente acribillados por alrededor de un centenar de balas en un predio municipal de Villa Soldati el 13 de octubre de 1974. A los pocos días, la Triple A se responsabiliza del crimen amparándose en  la defensa de la Patria y del Hogar. El salvajismo de los criminales da cuenta del doble escarmiento de los amantes por ser “bolches”y por ser homosexuales.

“Pedro y Carlos hubieran querido morir abrazados pero no pudieron elegir”, se apresura a escribir Waisberg y entonces se lanza a una biografía centrada en Barraza, en su militancia política radical y su conversión como muchos de los jóvenes de la época a la Resistencia peronista y al peronismo. A partir de 1963 Barraza comienza a publicar en diversas publicaciones activistas la historia de Felipe Vallese, el obrero metalúrgico y dirigente de la Juventud Peronista secuestrado, torturado y luego desaparecido, inaugurando una modalidad que se haría sistemática a partir de marzo de 1976.

Uno de los valores del breve libro es que, sin duda, en un mismo gesto, Waisberg reivindica la militancia política y el valeroso hecho de vivir como gay durante esos años;  recupera para la historia los documentos de denuncia del caso Vallese, a la vez que restaura la biografía de Pedro Barraza y de su historia de amor con Carlos Laham sentando sin duda un precedente que puede ser pionero para poder contar otras historias silenciadas LGTBIQ de aquellos años.

















Pablo Waisberg, Operación Vallese. Barraza, el hombre detrás de la historia, Colectivo de Trabajadores de Prensa, Ciudad de Buenos Aires, 2018

lunes, abril 23, 2018

TEATRO | TARASCONES, 4 fieras al borde de un ataque de clase



Por Darío Cortés.

La obra dirigida por Ciro Zorzoli y escrita por Gonzalo Demaría lleva al paroxismo una aparente y calma reunión de cuatro amigas “bien”. Un elenco de luxe, cuatro actrices que se juegan: Barrientos, Flechner y las hermanas Guerty.  



“La verdadera religión
es aquella que evita que los pobres maten a los ricos”
Napoleón Bonaparte.


La comedia Tarascones pone en acción a cuatro amigas que al cabo de unas horas y llevadas por la circunstancia, habrán dicho más de lo que en otro momento se hubieran animado a decir.

Como es habitual, Zulma, Martita, Estela y Raquel, señoras de clase acomodada, se reúnen para compartir una tarde de té, charlas y juego de canasta pero esta vez un crimen inesperado, altera el programa y convierte ell living de la casa de Raquel en “la hoguera donde se ejecutará a la bruja maldita” pero
¿Quién es la bruja? ¿Quién es la más maldita de todas? Hay una que sin lugar a dudas merece estar en la hoguera. La tarde se empieza a poner negra.

Así como Jean Genet juega con la relaciones de poder entre la criada y la señora de la casa, en esta logradísima comedia, a través de la excelente combinación de dirección de Zorzoli y dramaturgia de Demaría más las destacadas actuaciones, el espectador presencia esos juegos de poder también ente las amigas en un encuentro infernal y delicioso, dialogado en verso.  La acción sucede en un living  selvático donde se respira un aire de Genet a lo rioplatense o a un Almodóvar en Recoleta. El todo reunido en el escenario logra una propuesta excelente, con estilo propio y único.

La platea del teatro El Picadero explota en carcajadas, las actuaciones son una más desopilante que la otra. Hay un destacado y equilibrado lugar para cada una de las consagradas actrices.

Eugenia Guerty logra una vez más jugar con todas las posibilidades del lenguaje y de la corporalidad en una interpretación que hechiza. Puede ser grosera y lasciva hasta volverse onírica con los más frenéticos y erotizantes versos de Safo. Alejandra Flechner es un volcán de verborragia calibrada e interpretación explosiva. Compone un monstruo de la escena abominable, detestable y encantador. Paola Barrientos trabaja al detalle, asumiendo el rol de una criatura entre moribunda y borracha. El amplio arco en su interpretación (con las diversas formas de reírse, comentar, mirar, comer, desplazarse, escupir miserias ajenas, esconder las propias disimuladamente) es cautivante. Marcela Guerty – recientemente incorporada al elenco en un reemplazo por Abril y Mayo de la actriz Susana Pampín – sorprende gratamente por adaptarse a este engranaje como si formara parte del mismo desde hace más tiempo. Compone a una aparentemente frágil y oscura señora que inquieta y divierte en cada texto.

Tarascones lleva al extremo una reunión supuestamente calma entre cuatro amigas de alta alcurnia para sacudir al espectador en un viaje por un tren fantasma disparatado. Después de ver esta comedia queda la cabeza embriagada de risa, envuelta en carcajadas y verdades.




Créditos:
Funciones
Viernes y sábados, 20 h.
Domingos ,19 h.
Lunes, 20.30 h
TEATRO EL PICADERO, Pasaje Santos Discépolo 1857, CABA

ENTRADAS  POR PLATEANET y EN EL TEATRO

Staff:
Escenografía - Cecilia Zuvialde
Iluminación - Eli Sirlin
Vestuario - Magda Banach
Música - Marcelo Katz
Ilustración - Agustina Fillipini
Diseño gráfico - Diego Heras
Foto - Alejandra López
Producción - Cooperativa Tarascones


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