domingo, octubre 21, 2018

MÚSICA | Violeta Parra, la olvidada más nombrada





















Por Francisca Neira.

Escribir acerca de Violeta Parra es un desafío tremendo para cualquier chileno. Pareciera que todo acerca de ella está dicho y que nadie sabe nada al mismo tiempo. A 101 años de su nacimiento y pasados 12 meses de la euforia que causó en Chile su nombre y figura, propongo una reflexión nacional y regional para que las injusticias pasadas dejen de mordernos los talones.


La semana pasada se cumplieron 101 años del natalicio de Violeta Parra, cantora, compiladora, escultora, pintora, bordadora… en fin, artista autodidacta que se ha convertido en un ícono del arte popular, la autogestión, la resistencia y compromiso con la lucha por las injusticias sociales, pero también de la falta de reconocimiento por parte de la institucionalidad y el Estado chileno. No quiero sonar injusta, sé perfectamente que hoy existe en Santiago un museo que lleva su nombre y que rescata su trabajo y legado; que el Día de la Música Chilena, establecido por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (una corporación de derecho privado sin fines de lucro) se celebra en la fecha de su cumpleaños, que el Centro Cultural Palacio La Moneda mantiene una exposición permanente de su obra en una sala que lleva su nombre y que varios libros y filmes toman su vida como eje central de tramas e investigaciones que han puesto su nombre en las bocas de generaciones más recientes.

Pero sabemos, todos los chilenos, que eso no siempre fue así y que la Viola Chilensis murió sumida en una lucha por obtener recursos y abrir espacios para que su arte y el de otros fuera apreciado y valorado. Quizá su cuna humilde, las pocas sílabas de su apellido o su interés por el sustrato rural, tradicional y obrero, sin dejar de lado su perspectiva femenina de lo que veía a su alrededor y de manifestar su interioridad la llevaron a ser ignorada e, incluso, vilipendiada muchas veces en su país natal.

Hija de un profesor y una campesina, nació en el sur de Chile en el seno de una familia pobre y numerosa a la que, desde muy pequeña, se vio en la necesidad de ayudar monetariamente, utilizando su canto y personalidad como fuente de producción. Con el paso del tiempo, el éxodo a Santiago, sus dos matrimonios y separaciones, el nacimiento de sus hijos y los viajes al extranjero no cambiaron la situación precaria en la que siempre se había encontrado: la vida de Violeta seguía siendo, antes que todo, el canto, el folclor y un empeño inaudito en rescatar y valorar masivamente a la cultura popular en la que había crecido y que, sabía, contenía la sangre de un país al que la identidad se le escapaba entre los dedos.

“Arriba quemando el sol” o “Miren como sonríen” son ejemplos de la agudeza de su discurso, de lo potente de su carácter y de lo solidario de su pensamiento. “La lavandera” y “Qué he sacado con quererte” nos desgarran en un sentir que da cuenta de lógicas patriarcales y sentimientos y necesidades mujeriles que afuera de su mundo se disfrazaban de melodrama. “La jardinera” evidencia el vínculo ineludible del humano con la naturaleza y “Verso por la niña muerta” nos hace un recorrido por la culpa, la pena y el desconsuelo. Y ni hablar de ese himno nostálgico que es “Gracias a la vida”, que ha recorrido el mundo entero y que se ha transformado también en una suerte de carta de presentación de los folcloristas latinoamericanos.


Muchas de esas canciones y otras han sido versionadas por un sinfín de compatriotas, desde aquellos que cultivan el legado de sus sonidos, como Los Bunkers, hasta aquellos que a primera vista parecieran no tener un solo punto de coincidencia con ella, como los contestatarios y marginados K.K. Urbana, pioneros del punk chileno. Y no hemos de olvidar a los músicos internacionales que han hecho eco de sus palabras, tan dispares entre ellos como la argentina Mercedes Sosa, el estadounidense Mike Patton o el italiano Jovanotti.

Hoy, Violeta Parra es uno de los puntos neurálgicos de la voz nacional transgeneracional, aunque pareciera que el sitial patrimonial que merece su figura recién ha comenzado a forjarse hace un par de años atrás. “Más vale tarde que nunca” estoy segura de que pasa por las cabezas de muchos y que sale de la boca de otros tantos. Sí, más vale. Y más vale también estar atentos porque son muchos los artistas en Chile, Latinoamérica y el mundo que son ignorados por el mercado y la institucionalidad y que, probablemente y con suerte, tendrán el mismo destino que la trayectoria de la cantautora. Este año, nuevamente, la conmemoración del natalicio de Parra pasó sin pena ni gloria en un país que parece recordar solamente los centenarios. Chile fue injusto con Violeta, esperemos que no lo sea con nadie más.




viernes, septiembre 28, 2018

LITERATURA | EL ÚLTIMO LIBRO DE JOYCE CAROL OATES




por Adrián Melo.

"Un libro de los mártires americanos" de Joyce Carol Oates, acerca del perdón y la promesa.  

Siempre resultan conmovedores las situaciones en donde se perdona lo imperdonable. En ese sentido la literatura del siglo XIX ha sido ejemplar: cuando Edmundo Dantès, el Conde de Montecristo de la obra maestra homónima de Alexandre Dumas contempla que su ira y su venganza se extralimita y llega a herir a inocentes y que está a punto de convertirse en lo que un ser tan despiadado como de quienes pretendía vengarse suspende su revancha y finalmente libera a Danglars, el hombre que más contribuyó a su ruina y a su desdicha. Eso ocurre también en Los miserables de Victor Hugo cuando Jean -Valjean le perdona la vida a Javert, su eterno perseguidor, prototipo del guardia cárceles de la humanidad.
Un libro de mártires americanos, la última magistral obra de Joyce Carol Oates (de más está afirmar lo que ya se dijo incontables veces y es que Oates es la novelista más prolífica y talentosa norteamericana viva y que el día que gane el Premio Nobel cuenta con una multitud de fanáticos en el mundo que saldrán a festejar en las calles entre los que me cuento y por lo tanto mi crítica será muy subjetiva) es una novela  que trata sobre muchas cosas: es una reflexión sobre el aborto (y en ese sentido parece hecho para el presente argentino) pero también sobre la pena de muerte y un retrato implacable del mundo contemporáneo en general y de Estados Unidos en particular en donde prevalecen los atentados terroristas y el fanatismo religioso. Y en este sentido resulta impresionante la manera en que la novelista crea datos que bien puede sacarse de la más veraz realidad: asesinatos contra médicos que practican el aborto por parte de sectas enfervorizadas religiosas, mitos pseudo - sacros para defender el slogan: “Salvemos las dos vidas”,  discursos de los fanáticos de un supuesto Ejército de Dios que ejecuta vidas humanas y que se parecen peligrosamente a otros tantos discursos radicales y de odio que escuchamos en el Senado en contra del aborto seguro, legal y gratuito en boca de señores y señoras bien profetas y paladines de los pañuelos azules-. Y finalmente es una novela sobre el perdón y la promesa.
Y eso lo hace simplemente a través de la historia de dos familias que desarrolla en 814 páginas que bien podrían leerse de un tirón por la fluidez y la genialidad con que están escritas pero que se saborean lentamente por su profundidad y porque entre las palabras de Oates se desliza frecuentemente la rabia, la duda, la pena y  la emoción contenida (con lo cual se relee con sádico placer). Las familias son las de August Voorhes, médico idealista que ejerce el aborto –con plenas convicciones sobre las libertades y el cuerpo de la mujer- y de la de Luther Dunphy, un fanático evangélico que cree actuar en nombre de Dios cuando dispara al mencionado galeno frente a la clínica de una pequeña ciudad de Ohío. La novela sigue los destinos de sendas familias truncadas por el dolor y la pérdida: de las mujeres de ambos –se mencionan al pasar algunas de sus amantes- y especialmente de sus respectivas hijas y si bien la empatía está con Voorhes, como en Oates nunca hay blanco y negro, sino diversas matices del gris, frecuentemente nos hace sentir compasión por el asesino Dunphi y su progenie.
Porque como ya lo anticipó Tolstoi en ese comienzo de Anna Karenina destinado a hacerse célebre: “Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Y hay sutiles y brillantes analogías entre los Voorhes y los Dunphi.  Como no todo lo que brilla es oro, la aparente familia feliz de los Voorhes también tiene sus claroscuros que llevan a la reflexión.
Esos matices grisáceos se acrecientan cuando conocemos el adorable personaje de Madelena, la madre de Voorhes, una mujer independiente y que se mostró siempre como dueña de su destino que no quiso ejercer su rol materno y que sin embargo amó intensamente a su hijo. En la historia de su vida que desarrolla en unas pocas y conmovedoras páginas que dirige como una carta a su nieta, el personaje de Madelena logra poner en jaque –con un argumento profundamente vívido e inusualmente sólido y novedoso- aún a los que tenemos una posición definida respecto al inquebrantable derecho de la mujer en relación a decidir la interrupción de un embarazo.
Oates sabe crear personajes contradictorios: Jenna Vorhees, la esposa de August, madre amantísima hasta que la tragedia la lleva al abandono literal de sus hijos; Melisa, la hija adoptada nunca logró integrarse a la familia Vorhees, Edna Mae, la sufrida esposa de Dunphi, Kinch, Darren, entre otros de una galería de personajes inolvidables y bien trazados.
Pero el foco está puesto en las vidas paralelas de dos de las hijas de Gus Vorhees y Luther Dunphi: Naomí Vorhees y Dawn Dunphi, respectivamente. La primera, intenta convertirse en una documentalista obsesionada con preservar el recuerdo de la vida y de la obra de su padre y lleva escondido un oscuro secreto de revancha. Y la segunda, deviene en boxeadora de cierto éxito. Dos vidas que se están buscando a contrapelo, casi sin decirlo y que se encuentran casi al final (ojo que en los últimos párrafos voy a spolear el final).
Y es allí, en estas vidas, donde aparece la posibilidad y la facultad de perdonar.  El perdón, don divino según Hannah Arendt porque mediante él se puede, en cierta forma, deshacer lo hecho. Don que contempla entonces la redención del predicamento de irreversibilidad en las relaciones humanas. Por el rencor se quiere disolver todo vínculo con quien ha sido ofensivo con sus palabras o sus actos; y el arrepentimiento es un no querer abandonar el instante de la falta.  Frente a ellas se erige el perdón que tal como lo expresa Arendt: “es ciertamente una de las más grandes capacidades humanas y quizás la más audaz de las acciones en la medida en que intenta lo aparentemente imposible, deshacer lo que ha sido hecho, y logra dar lugar a un nuevo comienzo allí donde todo parecía haber concluido, es una acción única que culmina en un acto único. La necesidad del perdón hace justicia al hecho de que cada ser humano es más de lo que hace o piensa. Solo el perdón hace posible un nuevo comienzo para el actuar, comienzo que necesitamos todos y que constituye nuestra dignidad humana”. O como expresa en otras de las inolvidables páginas de La condición humana: “Sin ser perdonados, liberados de las consecuencias de lo que hemos hecho, nuestra capacidad para actuar quedaría (…) confinada a un solo acto del que nunca podríamos recobrarnos”. Perdón y la otra acción propiamente humana según Arendt, es decir la promesa –promesa de amistad o quizás de una historia de amor- (“Sin estar obligados a cumplir las promesas efectuadas –escribe Arendt- no podríamos mantener nuestras identidades, estaríamos condenados a vagar desesperados, sin dirección fija, en la oscuridad de nuestro solitario corazón”) se unen en el final apoteótico de la novela: “Sucedió muy deprisa. Alguien lo había decidido por ellas. Movidas por el consuelo en la aflicción se abrazaron con fuerza la una a la otra sin querer separarse nunca”.

Joyce Carol Oates, Un libro de mártires americanos, Alfaguara, Madrid, 2017

miércoles, septiembre 12, 2018

ENTREVISTA | 5 preguntas a TALO SILVEYRA por Darío Cortés



POCKET FILMS & LOS CORTOS ESCALOFRIANTES

El segundo entrevistado en este espacio es Estanislao SIlveyra  o “Talo”. Un artista completo, humilde y lleno de talento. Transita el teatro, el cine (como actor y como realizador) y tiene una sensibilidad de músico. Muchos ya conocen su trabajo por sus destacadas actuaciones en Shrek (el musical) en el Maipo como el adorable “burro”, en “Cardenio” de Shakespeare, “El otro judas”, “Romeo y Julieta de bolsillo”, “Rufianes”, etc. En esta oportunidad destacamos un proyecto que lo tiene como uno de sus principales creadores: Pockets Films, una serie de cortos en envíos semanales (a través de INSTAGRAM) de un minuto de duración, inquietantes y muy bien logrados. En esta entrevista nos cuenta de esta pasión por el audiovisual y las historias breves como aquella anécdota que cuenta que una vez le dijeron a  Ernest Hemingway que era imposible conmover con un relato corto, que las historias necesitaban de un tiempo importante para su desarrollo. Él dijo: “Es totalmente falso. Puedo contarte el cuento más triste del mundo con solo 4 palabras ´Vendo escarpines sin estrenar´… Talo piensa que la anécdota es excelente y real. Existen cuentos de terror desarrollados en una sola frase. Es escalofriante lo efectivos que son y cómo en una sola línea logran producirte pánico.

Darío Cortés: ¿Cómo nació la idea de “Pocket films”¨?

Talo Silveyra: Naturalmente siempre hice cine, solo que no lo sabía. De chiquito filmaba siempre que tenía una cámara cerca y de adolescente aprendí mucho como actor mirando a otros directores. Hace un par de años que me dedico a esto de lleno. Hace un año, en mis tiempos libres, decidí hacer una prueba con mi cámara y filmé un corto de terror en mi casa. Como eran las 2 de la mañana y estaba solo, me las ingenié para hacerlo todo sin ayuda y a eso le puse #OneManShortfilm (en realidad una simple excusa para subir pequeños cortos). Cuando vi que el hecho de escribir y generar cortos de 1 minuto era un desafío más que interesante, le propuse a mi Director de Fotografía y amigo personal Diego Cipolla hacer un proyecto para filmar cortos con esa premisa. Así nació Pocket Films.

DC: ¿Quiénes conforman el equipo?

TS:
Diego Cipolla, con quien pensamos las ideas y el diseño del proyecto en general.  Él además hace Camara y dirección fotográfica, foto fija, y color grading. Contamos con los siempre fieles como Claudio Servin en sonido directo que la rompe, Julia Gel que suele hacer fotos, Dani Horovitz tambien algunos back y fx, Mica Racana en producción, Fede Coates, digamos que hemos sumado mucha gente muy profesional que, cuando puede, está presente. Y bueno, yo escribo, dirijo, actúo y edito.

DC: ¿Cuál es el elemento que conecta -de alguna manera- cada una de las historias entre sí  (si es que existe ese elemento para vos)?

TS: El simple interés de investigar una idea y ver como se podría desarrollar en 60 segundos. De todas maneras creo que hay algo de estilo que de por sí tiene que ver con nuestra visión personal, hay una búsqueda desde la oscuridad, la opresión y también crítica social, que naturalmente se suele conectar entre los cortos, más allá de que el género pueda variar entre comedia, drama, etc.

DC: ¿Cómo organizan la difusión de cada episodio? Cuáles son los pasos para la publicación del episodio completo y porque?

TS: Es simple. Cada miércoles se estrena un cortometraje nuevo. Dura 1 minuto y se ve directamente en instagram. Paralelamente los lunes sale el afiche y los viernes las fotos de back. Nosotros queríamos sacar un corto seguido del otro y teníamos miedo de la continuidad, pero nos organizamos para tener varios listos antes de estrenar  y nos pareció interesante sumar los afiches paralelos para generar más material para los seguidores/espectadores.

DC: ¿Crees que se puede contar una historia con profundidad en tan poco tiempo?

TS: Sí, claro que sí. La profundidad no tiene que ver con el tiempo en que se cuenta una historia, sino con la inteligencia de ofrecer los datos justos para que entiendas el contexto sin subestimar al espectador y que la historia avance y se le pueda dar un cierre en ese corto tiempo. 
Nuestra idea es seguir generando cortos de calidad que generen algo en el espectador, en 1 minuto. Y siempre exigirnos un poco más. Recién es el comienzo y agradecemos el interés.  

















Talo estudió Director Tastemade Español y EEUU, Director de “Locos x el Asado” Food Network y Discovery. Formación en Cine y Guion con Juan José Campanella, Fernando Castets, Aída Bortnik y en el Hollywood Film Institute

ENLACE INSTAGRAM PARA VER LOS CORTOS: https://www.instagram.com/pocket_films/

viernes, agosto 31, 2018

TV | SHARP OBJECTS, Amy Adams descolla en la serie que hay que ver





















Por Darío Cortés.

Es la serie dramática estreno de HBO. Atrapa por el alto grado de oscuridad y misterio en el que se mueven los personajes de un pueblo salvaje y violento. Es un drama familiar que alterna con el género policial. Es un relato de violencia de género dentro de otro, como un juego perverso de muñecas rusas. Los 8 capítulos de la primera temporada son imperdibles, una de las mejores actuaciones de Amy Adams y posiblemente la mejor dirección de Jean-Marc Valleé.

El título, inquietante: “objetos cortantes “, “objetos punzantes” o “heridas abiertas” como lo titularon para España. Es indudablemente un relato sobre los viejos traumas que dejan heridas, no tienen una cura aparente en el presente y vuelven como fantasmas. La nueva serie de HBO atrapa y sorprende por su oscuridad dolorosa intrínseca en el relato. La violencia es demasiada pero hechizante, se instala la idea de querer saber más. La serie interpela al espectador de una forma distinta: lo incomoda, lo coloca en una experiencia corrosiva alternando entre dos géneros: el drama familiar y el policial, que está siempre presente a traves de los personajes de los sheriff de turno que no se sabe si es mejor recurrir a ellos ante una emergencia o mejor que no se asomen de la comisaria.
Un tema aparte es el excelente y logrado trabajo actoral de Amy Adams. Parece increíble que una actriz que saltó a la fama por su papel en un auténtico producto Disney (“Encantada”) se haya vuelto la actriz dramática del momento y lo demostró en varias ocasiones en cine (“La duda” batiéndose a duelo con una colosal Meryl Streep, “Animales nocturnos” desplegando su potencial en un thriller psicológico mano a mano con Jake Gyllenhaal y en “Escándalo americano” junto a un bestial Christian Bale). Adams llegó a la pantalla chica para confirmar que su performance (no importa el formato) transforma al espectador y lo cautiva. En este caso compone a una periodista (Camille Parker) a quien encomiendan hacer una noticia sobre la muerte de dos niñas y como es su pueblo natal, ¿Quién mejor para informar sobre el caso? Una vez sumergidos en el extraño pueblo de origen de Parker, descubrimos que se muestra tensa y exhausta al llegar a la casa victoriana familiar, porque le recuerda a su hermana, también asesinada. Además se presenta una madre aplastante y patológica (Patricia Clarkson no puede componer a un ser más espeluznante) que está a la par de Norma Bates (de “Bates Motel”)  y una hermana menor que vive su adolescencia al borde del peligro constantemente.

Camille, a  medida que avanza en sus pesquisas, se introduce en una trama en la que su pasado se funde con lo que está ocurriendo con las recientemente asesinadas.

Tal vez y con el antecedente de su serie anterior (“Big Little Lies”) Jean-Marc Valleé deja y dejará una huella acerca de cómo plasmar en ficciones de televisión de calidad un delicado y actual tema que es la cantidad de muertes abrumantes, con casos y datos escalofriantes de mujeres, que están ocurriendo en el mundo por violencia de género. Así como impresiona ver el tema de cerca y sin vueltas en la serie, el objetivo del director pareciera ser que el espectador se sumerja tanto en la historia de manera que las muertes impacten, impresionen, se tome verdadera conciencia y se sientan cercanas. Los planos cerrados, propios del drama, los flashbacks, el excelente montaje, la músicalización, los títulos iniciales, las imágenes de las alucinaciones, que son como un rayo en la pantalla y la obsesión por enfocar determinados objetos mientras suceden escenas importantes, crean un trabajo de dirección al detalle.

Lo destacable de esta propuesta televisiva es que su argumento se vuelve la columna vertebral que sostiene la serie. Hay una vuelta al equipo de guionistas, al trabajo en grupo para idear tramas complejas e innovadoras con elementos que ya se vieron muchas veces. El excelente plantel de autores que reunió la producción de HBO y el director de la serie es el correcto para contar esta historia. No ocurre aquí como en otras series nuevas que son suceso, en las cuales los golpes de efecto o impacto sin un sustento dramático están a la orden del día. En 8 capítulos (la serie finalizó el domingo pasado) concentra un entramado de historias y géneros cruzados con el sostén principal de una actriz que no deja de sorprender y de entregarse al personaje por completo. Expone su cuerpo herido (literal), como pocas veces se la vio, las expresiones y su aspecto descuidado asombran. Los excesos y su recurrente escape hacia al alcohol evocan el mundo íntimo de los personajes de Bukowski y en medio de eso la escritura y la crónica del espanto. Lo brillante en la tarea que tiene como objetivo la protagonista es que resolviendo una vieja historia del pasado podría recién ver con claridad el drama que le toca informar en el periódico donde trabaja.

El último capitulo es impactante y deja un tajo en la retina, es una cuchillada, una herida abierta sobre otra que no cicatrizó. Termina de forma inquietante y sorprendente. Es una serie bella visualmente sobre un planteo de fondo espantoso. Es una gran obra de arte dramática que demuestra que la era de oro de las series en que el espectador elige cuando y cómo verlas, recién comienza.

Y por último no está mal que una buena serie termine definitivamente en su primera temporada. Es casi imposible no quedarse esperando más después del shockeante final de Sharp objects, pero lamentablemente, esas ganas nunca se verán satisfechas. La creadora de la serie, Marti Noxon, ya adelantó que ni se está hablando de la posibilidad de darle a la serie una segunda temporada, algo casi impensado para los tiempos que corren.

Lo que sucede es que la novela (escrita por Gillian Flynn) en la que se basa la serie termina en el mismo punto, por lo que ya no hay más material original para avanzar con la historia. Sin embargo, esto no detuvo a algunos de los éxitos más resonantes del año pasado a seguir adelante.
“The handmaid's tale”, “The sinner” y “Big little lies” estaban en la misma situación. Las tres fueron producciones basadas en libros, y las tres agotaron el material original en la primera temporada. Considerando el éxito que tuvieron, tanto Hulu como USA Network y HBO decidieron seguir con las historias más allá de los libros.

Hablaremos en este blog sobre estas series antes mencionadas. Lo importante es rescatar que hay un sentido en esta nueva forma de plantear los finales de las series, un símbolo de coherencia con la historia o con el libro original. En el caso de Sharp objects se profundiza hacia el final en una herida que sigue sangrando, ahí termina este relato, donde se vuelve a abrir esa honda herida del pasado.



jueves, agosto 23, 2018

ENTREVISTA | 5 preguntas a MAURICIO KARTUN por Darío Cortés



Iniciamos un espacio de entrevistas para que suenen más voces lúcidas en este presente incierto donde muchos ruidos nos quieren aturdir. El primer entrevistado es, sin dudas, un referente del teatro en Argentina. Sus obras calan profundo en el público, en la calle y en la tierra al sur del mundo en donde nos tocó nacer.  Realizar esta entrevista es un gol de media cancha para quien transcribe, por el placer mismo de dialogar desde el entendimiento, la honestidad y la perspicacia con MAURICIO KARTUN que responde 5 preguntas. Gracias maestro por tu tiempo y que siga brillando Terrenal* y todo lo que vendrá.


Darío Cortés: ¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Por qué la escritura de teatro te capturó sobre todas las demás?

Mauricio Kartun: Empecé en la adolescencia un día que el lector ávido quiso ver qué había del otro lado.  Me fue saliendo.  Gané a los veinte años un concurso literario con un cuento. La fuerza de esa mirada desde afuera creó una energía y agarré para ese lado. Después apareció la dramaturgia y con ella esa hipótesis preciosa de escritura acompañada, de soporte vivo con el que podés ir a comer después, reirte, militar y hasta enamorarte. Una escritura más social que la narrativa, más comunitaria, más orgánica en tanto el mérito del resultado final es siempre compartido, es siempre resultado de apareamientos.



DC: ¿Que opinión tenés sobre el teatro que se produce actualmente en Argentina? 

MK: De enorme calidad en cada uno de sus circuitos. Y especialmente auspicioso en su futuro por la proporción enorme de creadores muy jóvenes que lo han adoptado como formato.

DC: ¿Como ves el panorama del teatro independiente en este contexto neoliberal?  ¿Crees que en los últimos  años nació una forma nueva de hacer teatro independiente o el teatro adquirió un lenguaje nuevo?

MK: Los cambios en el teatro son siempre muy graduales.  Lo que se ve hoy es una retracción penosa después de una época de franca expansión. El público merma porque la economía lo condiciona. Y porque el ánimo lo encierra.  Pero las crisis son –lamentablemente- creativas. Del odio viene mucha más producción que del amor. Y del malestar más que del  bienestar. Está habiendo mucha escritura de reacción. Alguna como siempre quedará en catártica, y otras se convertirán en voz nueva.

DC: ¿Qué formas de resistencia puede proponer el teatro hoy?

MK: El teatro es hoy una forma de resistencia en sí mismo. Tal vez involuntariamente, pero resistente contracultural y antisistema. Vivimos tiempos puramente aéreos, cibernéticos. El grueso del día se le va al grueso de la gente con acceso cultural frente a una pantalla de cristal. El tiempo ha sido  atomizado, hecho polvo, vuela. Hemos perdido tierra, nos hemos desterrado. Volamos y ni siquiera tenemos idea de cómo conducir el avión. El teatro resulta  hoy una recuperación real y simbólica del presente, del piso, de la tierra, del tiempo original frente a este otro tiempo copia, trucho. El teatro tiene el tiempo  del paso. Fijate cómo frente a esta  crisis que nos toma tan de sorpresa  en las últimas dos décadas han aparecido recuperaciones  de actividades que se redescubren y generan alternativa, ese volver a la lentitud, al caminar, al plantar. El teatro como aquellas es justamente eso: alternativo.




DC: ¿Sobre qué cuestiones  sociales o políticas que no hayas escrito te interesaría escribir próximamente?

MK: Tengo montones de temas que me interesan pero no suelo trabajar empujado por un tema. Más aun, no creo demasiado en la sana posibilidad creativa de hacerlo.  Sería ilustrar, y cada vez que el autor ilustra doméstica, pone el  imponente mecanismo del lenguaje teatral al servicio de una demostración, le da carácter profano, utilitario. Prefiero correr siempre con el riesgo de buscar las ideas a través de la creación misma, de dejarlas que se revelen, aprendo a través de cada obra cada vez que escribo alguna.



RECOMENDAMOS VER:

*Terrenal
5 temporadas / 700 funciones / 70.000 espectadores / 25 premios / 20 festivales internacionales

Elenco: Claudio Da Passano, Claudio Martinez Bel y Rafael Bruza: Dirección y dramaturgia: Mauricio Kartun Asistencia de dirección: Alan Darling Vestuario: Gabriela Aurora Fernández - Iluminación: Leandra Rodríguez - Diseño de sonido: Ileana Liuni.
Teatro del Pueblo
Diagonal Norte 943
Jueves y domingos 20hs
Viernes y sábados 21hs
Localidades desde $250.- cliqueando en el muro de la página de FB "terrenal" la tecla: COMPRAR.


viernes, agosto 17, 2018

CINE | EL ÁNGEL ¿Quién fue Robledo Puch?






















por Adrián Melo.

Logradísima ficción cinematográfica dirigida por Luis Ortega. Con motivo del estreno de la película "El Ángel" esta nota propone hacer un revisionismo por aspectos reales de los años de juventud de la figura de uno de los asesinos seriales y legendarios de la Argentina que hoy tiene 66 años. Una buena película para ver este fin de semana.

Carlos Eduardo Robledo Puch, un joven de poco más de veinte años, cara aniñada y pecosa,  ojos grandes y azules y rizos colorados, labios carnosos, asesino de al menos once personas y ladrón y autor de decenas de atracos hubiera sido un personaje digno de la pluma de Jean Genet. “Es visto como el Mal con aspecto de Bien” interpretaría la revista de época Panorama, durante los primeros años de la década del setenta del siglo XX en la cual Robledo Puch pergeñó y ejecutó la casi totalidad de sus crímenes. Era quizás, el aspecto de adolescente, las facciones delicadas y el aire enfermizo, la cara de Ángel, la sonrisa en el momento de la reconstrucción de los crímenes, la frialdad ante la sangre que vertía y su posición social de niño mimado de una alta clase media lo que hacía intolerable sus muertes. No es un joven bello, educado y de buena posición lo que la sociedad está dispuesta a aceptar como un asesino.

Tal como destacaba Clarín: “no encuadra en ninguna de las premisas asignadas a la teoría general del crimen. Criado en un hogar pudiente, nunca pudo haber acumulado, en tan corto tiempo, tanto rencor asesino contra la sociedad que le brindó toda clase de atenciones. Ni Lombroso lo hubiera señalado como prototipo del criminal nato, pues sus facciones conforman la imagen de un niño bondadoso”.
Por el contrario ahí residía su monstruosidad, y sus calificativos de Ángel de la muerte, Bestia humana, Chacal con cara de mujer, Carita de Ángel, Unisex, Engendro del Mal, Gato rojo, Muñeco Maldito, Embajador de la muerte, Ángel Exterminador, Rey de los Asesinos, “ingominioso” (sic) Puch, que, en sus intentos de originalidad, devaneaban la imaginación de las mentes de los redactores del Diario Crónica. El 11 de febrero de 1972, el mismo diario sugiere que Robledo es homosexual, por lo que "sumaría a sus tareas criminales otra no menos deleznable".

No hay en Puch arrepentimiento de los asesinatos a sangre fría y por la espalda, en general a serenos sexagenarios que dormían o a mujeres desarmadas. “Hágalo notar, doctor: siempre maté por la espalda”, reivindicó en una célebre declaración ante el juez que lo investigaba. Tampoco hay honor entre ladrones, ni código de lealtad hacia los hermanos en el delito que modeló héroes literarios queribles. Sí, en cambio, exaltación de la traición a lo Genet. Llegado el momento e invadido por quién sabe qué sensaciones que no pudo manejar, Robledo Puch no dudó en matar a su amigo y cómplice Héctor Somoza, cuando éste, para hacerle una broma, le cruzó un brazo por el cuello desde atrás y lo apretó contra su cuerpo en pleno atraco de una ferretería.

Tal como lo recrea Osvaldo Soriano en su relato El caso Robledo Puch: “Iluminados por el soplete, Robledo y Somoza trabajan callados y serios. Robledo sostiene el aparato que perfora el material mientras su amigo sigue sus movimientos con atención. El trozo de acero está por caer y Robledo lo ayuda con un golpe. Ninguno dice nada. A Somoza acaba de ocurrírsele una broma acorde con la circunstancia. Pasa un brazo alrededor del cuello de su compañero y aprieta con suavidad, cada vez más. Robledo le da un codazo y lo lanza hacia atrás. Manotea el revólver que tiene en el cinturón y dispara. Asombrado, quizá sin entender lo que ocurre Somoza cae y articula una explicación que es apenas un gemido. Robledo lo observa unos instantes, levanta su brazo derecho y dispara otra vez. ‘No podía dejarlo sufrir. Era mi amigo´, explicará después. Se ha quedado solo, con dos cadáveres junto a él --antes ha matado al sereno Manuel Acevedo--, pero eso no le preocupa. Sale”.
Fue el comienzo del fin para Robledo Puch. El 4 de febrero de 1972 fue apresado por el homicidio de su cómplice. Tras matarlo de un balazo lo había prendido fuego en la cara para evitar que lo reconozcan. Cayó preso por un descuido: olvidó su cédula en el bolsillo de su “amigo”.
Unos meses antes había muerto, en circunstancias misteriosas Jorge Antonio Ibañez, el compañero de colegio al que Puch admiraba desde los quince años y al que quizás no le perdonó su afición por las mujeres y las prostitutas. Se estrellaron juntos en un Fiat 600 que habían comprado con el fruto de sus asaltos, contra un taxi estacionado en Belgrano. Un accidente de cual Robledo salió ileso pero sin su pareja delictiva.

“A los veinte años no se puede andar sin coche y sin plata”; fueron una de las pocas excusas que esgrimió el asesino para justificar la decena de crímenes a traición y sin causa aparente. Según relata Osvaldo Aguirre en Enemigos Públicos solo rompió el silencio en octubre de 1977, cuando, esperando ser juzgado, elevó un pedido de traslado a las autoridades penitenciarias que le fue concedido. El destino elegido era el pabellón 10 del penal de Sierra Chica: el de los homosexuales.
Responsable al menos de once homicidios y diecisiete robos, una violación y un intento de violación, entre tantos otros delitos, condenado a prisión perpetua con accesoria de reclusión por tiempo indeterminado tal como señala el mismo Aguirre su figura volvió a tomar estado público cuando en la Semana Santa de 1996, un grupo de presos que pasaron a la historia como “Los Doce Apóstoles” tomaron el penal de Sierra Chica para masacrar a propios y extraños durante ocho días.: Robledo corrió por los patios de la cárcel y se encerró en la capilla para salvar su vida con una biblia en la mano izquierda, una faca en la derecha y un compañero en sus brazos. A mediados del 2000 cuando cumplió el tiempo necesario para pedir su libertad condicional no lo hizo.

En enero de 2018 cumplió 66 años –cuarenta y seis de los cuales pasó en prisión- y con el dinero ahorrado producto de la venta de una propiedad familiar, de manera inédita pidió que le permitan construirse una casita dentro del predio del penal de Sierra Chica. Tiene miedo a la libertad o como Victoria Ocampo durante el peronismo cree que la única libertad posible está adentro de la cárcel.
En estos tiempos en el que convive la ignominia institucional, económica y política con la corrección política en relación a las diversidades sexuales parece saludable la resurrección de Robledo Puch como personaje de adorable y sanguinario monstruo de la comunidad queer. 

Con el estreno de la película dirigida por Luis Ortega, Puch se eleva a la categoría de mito para ser reivindicado subversiva y orgullosamente frente a una sociedad hipócrita, violenta e imposible antesala del terrorismo de Estado y de las políticas neoliberales. Si hay memoria colectiva de las imágenes cinematográficas de amor gay, sin duda hay algunas escenas interpretadas por el extraordinario Lorenzo Ferro que están llamadas a perdurar.  Entre ellas, la de un Robledo Puch bailando graciosamente el hit El extraño de pelo largo en casas ajenas.  O contemplando encantado con mirada de enamoramiento absoluto al personaje de Chino Darín mientras cubre su pubis de joyas. O soñando que hay otro mundo en el que es posible estar con su amigo deseado bailando a la vista de todo el mundo en un programa de televisión ómnibus a lo Pipo Mancera. Y es en ese momento que la película de Ortega hijo logra lo inimaginable: por primera y seguramente última vez la voz de Ortega padre entonando Tengo el corazón contento conmueve y resulta romántica.


CRÉDITOS
Título: "El Ángel"
Duración: 118 minutos
Dirección: Luis Ortega
Guión: Luis Ortega, Rodolfo Palacios, Sergio Olguín


Elenco: Lorenzo Ferro, Chino Darín, Mercedes Morán, Daniel Fanego, Cecilia Roth, Luis Gnecco, Pedro Lanzani, Malena Villa, William Prociuk, Fernando Noy.

EQUIPO TÉCNICO

Productores
Hugo Sigman
Matías Mosteirín
Sebastián Ortega
Pablo Culell
Pedro Almodóvar
Agustín Almodóvar
Esther García
Leticia Cristi
Axel Kuschevatzky
Micaela Buye
Javier Braier
Jefe de Producción

Fotografía
Julián Apezteguia
Montaje
Guillermo Gatti
Dirección arte
Julia Freid
Julio Suárez

Vestuario
Marisa Amenta

Maquillaje Peinados
Emmanuel Miño

Post Producción
Ezequiel Rossi

miércoles, agosto 15, 2018

TEATRO | BLUM, la fortuna es una tómbola de luz y de color


Por Darío Cortés.

Humberto Tortonese se destaca en un protagónico que lo muestra en una faceta interpretativa distinta,  acompañado por un brillante elenco conformado por acertados artistas junto a la concepción colorida y musical de la obra bajo la dirección de Mariano Dossena, que sabe mover los hilos de un claroscuro que va desde la comedia a lo emotivo y así logra un espectáculo ecléctico y luminoso.




“Sola, fané, descangallada la vi esta madrugada salir de un cabaret,
Flaca, teñida y coquequeteado…  
Quedé chiflado por su belleza,
pensar que me tuvo de rodillas.
Ese encuentro me hizo tan mal,
Que esta noche me emborracho, me mamo bien, pa´no pensar”
Esta noche me emborracho (Tango) de E.S. Discépolo.


Enrique Santos Discépolo vivió solamente 50 años. Quedaron de él, sin dudas, las frases desgajadas de su agudo verbo: “A la honradez la dan por moneditas” y más de un inmortal tango: Secreto, Malevaje, Qué vachaché, Yira, yira, Que sapa señor, Cambalache, Sueño de juventud, Justo el 31, Chorra, Soy un arlequín, Confesión, Canción desesperada, Cafetín de Buenos Aires, Esta noche me emborracho, Alma de bandoneón, Infamia, Uno, El choclo, etc. Una letra más maravillosa que otra. Se dice que Discepolín no alcanzo la fama mundial que tuvieron Gardel ni Piazzolla porque no interpretaba sus creaciones, apenas algunas. Y porque partió de este mundo aún joven, como si el tiempo no le hubiera alcanzado para poder expandir sus creaciones.

Desde el inconsciente colectivo y en situaciones difíciles, el porteño se acuerda de él.  Discepolín da letra, ayuda a nominar las cosas con humor amargo, sin perder nunca de vista la dimensión grotesca de la vida. De vez en cuando las señales del cable pasan algunas de sus películas. Es un placer verlo actuar, delgadísimo, con su gran nariz, hiperactivo, desbordado y se diría ahora como de aspecto estresado…  como el mismo personaje de Blum en la piel de Tortonese.  La verdad es que no hizo grandes filmes, pero esos rodajes tienen algo… ¿discepoliano? 

Si bien la vida pública de Discépolo pasó por diferentes momentos –cuando se metió de lleno en el cine dejó un poco de lado el tango, así como anteriormente la canción porteña le había robado horas a la actuación–, se las arregló para marcar con su estilo todo lo que hizo. Tal vez por la influencia de su hermano Armando Discépolo, director teatral y dramaturgo, creador del grotesco criollo es quien, al morir sus padres, lo introdujo en el teatro. Así es como queda registro de su etapa de actor en obras como Mateo  (1937) o como dramaturgo en la obra  Blum y esto da cuenta de que el teatro –además del tango- lo ayudó a sublimar muchos fantasmas.

Estrenada originalmente en 1949 en el Teatro Presidente Alvear por la propia compañía de Enrique Santos Discépolo (en su última actuación, ya que murió dos años después), Blum escrita por el mismo y Jorge Porter aborda temas como la soledad del poder, el amor por conveniencia, el sentido de la vida y otros tópicos que desde aquella época hasta hoy siguen vigentes.

Blum se convirtió en película y fue estrenada en 1970. Dirigida por Julio Porter , protagonizada por Darío Vittori, Nélida Lobato, Enzo Viena y Maurice Jouvet.

En la versión teatral que se puede ver en esta corta temporada en el teatro Regio del Complejo teatral de Buenos Aires estamos ante una nueva visión de ese espectáculo, bajo el prisma de un director que demostró a través de sus direcciones como Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, Los invertidos de José González Castillo y  El tiempo y los Conway de J. B. Priestley  entre otras obras que puede moverse entre lo clásico, lo realista, lo moderno y que puede acercarse a los tiempos que proponen las obras para jugar con lo temporal, rescatar lo “vintage” en el mejor sentido y redescubrir la esencia de historias que pueden habar de otra época pero tienen algo para decir también hoy.

La trama habla de un señor empresario a cargo de mucho personal,  hombre dueño de negocios y una importante fundación, él tiene todo (o casi todo)  hasta que percibe que su vida no es perfecta ni completa. Humberto Tortonese desempeña este rol en una obra que fue pensada para un capo cómico y el personaje le queda más que cómodo, realizando una composición sólida y moldeada por su propia impronta, también.

El espectáculo está dividido en dos actos. El primero que sirve para presentar a este conflictuado hombre-jefe y a los personajes que forman parte de su cortejo. Se crea un ambiente de comedia de puertas (curiosamente sin puertas físicas). Los personajes entran, se estresan y salen. Cada situación está al borde del colapso y del caos, afuera de las oficinas -en las calles - las huelgas están a punto de estallar, la fundación reclama sus aportes y en varios momentos, los diálogos se preguntan: ¿Qué es ser rico? ¿Qué es ser pobre? El confiable empleado Pereyra (papel interpretado por Eliseo Barrionuevo, un partenaire fiel que no suelta a Blum ni con la mirada, que le aporta luz y matices a cada momento de la obra y acompaña al protagonista destacándose desde el acompañamiento sostenido y jugando muy bien dentro del territorio de una comedia blanca y clásica). Otra interprete destacable del elenco es la brillante performance de Milagros Almeida que además de componer a una de las “Diamonds” (y poner en jake al poderoso que cae en deseo) juega varios personajes con especial histrionismo y se la ve cómoda en cada rol distinto entre sí. Canta, baila, brilla y juega los ritmos que pide la comedia y los variados personajes que desdobla y afirma sus pasos de largo tiempo en los escenarios. Lo mismo ocurre con Maria Rosa Frega y Alejandra Perlusky. Los personajes están signados por entrar, intervenir con Blum, modificarlo y salir de escena y en eso ambas saben destacarse y transformar  la escena.

Dossena crea una comedia blanca con zonas introspectivas, por momentos hay una recreación de los géneros del music hall y el drama, así como del grotesco y también la obra dentro del juego que habilita una comedia se permite ser una farsa misma de estos propios géneros, de los clichés, de lo cursi y de los lugares comunes, es decir no los solemniza, juega con ellos y los explota. La obra se ríe de los poderosos, no de los más débiles y eso es meritorio. Destaca las carencias y virtudes de todos los personajes, sean de la clase social que sean y pone en el tablero el dilema ese que plantea  que el amor y el dinero mueven el mundo, pero no como un tópico sino como una gran verdad. 

Ingenio, poesía y un humor popular y mordaz son los principales condimentos en Blum, una comedia con gran ritmo, algunas intervenciones musicales de los años cincuenta, que conforma un friso en el que conviven el mundo de las finanzas, el show, los juegos de poder, el amor o encandilamiento, la oficina, el hogar y también sugiere que todo vuelve a ser lo que es, como un reloj, pero que siempre puede haber algo o alguien que nos atraviesa y nos modifica.


CRÉDITOS
Autores: Enrique Santos Discépolo y Julio Porter
Adaptación y dirección: Mariano Dossena
Elenco
Humberto Tortonese, María Inés Sancerni, Magalí Sánchez Alleno, Alejandra Perlusky, Eliseo Barrionuevo, Daniel Toppino, María Rosa Frega, Milagros Almeida, José Tambutti, Federico Justo
Entrenamiento vocal : Nancy Ocampo
Iluminación: Claudio Del Bianco
Vestuario : Mini Zuccheri
Coreografía : Mecha Fernández
Escenografía : Nicolás Nanni
Música: Gabriel Senanes

FUNCIONES
Jueves a sábados, 20.30 hs., Domingos, 20 hs.
DURACIÓN: 100 minutos
Teatro Regio. Av. Córdoba 6056. (011) 4772-3350


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