jueves, enero 24, 2019

DOCUMENTALES NETFLIX | A la gloria de Mr. Maupin




Por Adrián Melo.

Documental que narra la vida del famoso escritor Armistead Maupin, desde sus raíces conservadoras hasta convertirse en defensor de los derechos de la comunidad LGBTQ.


A las Historias de San Francisco y su interminable saga les hubiera sentado mejor perecer en las páginas del San Francisco Chronicle, periódico que las vio nacer como folletín. Con las ventajas y los problemas que esa rutina diaria y la presión del vertiginoso cierre de rotativas acarrea: grosso modo, lo más probable es que se capten instantáneas de la actualidad pero se pierda bastante en estética y preciosismo.

Quizás si se le hubiera asignado el destino efímero de las páginas de todo diario, un día algún académico obsesivo las hubiera rescatado del olvido para una tesis doctoral que, por ejemplo, hubiera analizado el impacto que tuvieron sobre el gran público y sobre las mentalidades colectivas en los años setenta y les hubiera otorgado una forma más o menos digna de entrada en la Historia. Pero al pasar al formato libro se le ven demasiado las costuras. En cuanto a calidad literaria Armistead Maupin no es Dickens y mucho menos Dumas e infinitamente menos Balzac. Si hablamos de entretenimiento y ritmo de seriales de televisión mejor lo hace Darren Star y nunca tuvo pretensiones de literato. Si hablamos en términos de literatura militante se queda a mitad de camino: su retrato del San Francisco de los setenta tiene demasiado de postal para los turistas, poco de subversión sexual e incluso se vislumbra en la caracterización de muchos de sus personajes un tufillo conservador (no olvidemos tampoco el linaje de Mr. Maupin). Así, entre otras delicias, desaprovecha el potencial del personaje transexual, Anna Madrigal, y la convierte en una matrona a la que parece no importarle el sexo (“solo ser amiga de las mujeres”) y que tiene un único y casto romance con un multimillonario desahuciado (solo Danielle Steel se hubiera atrevido a la escena patéticamente cursi de los ancianos enamorados remontando un barrilete en la playa que Madrigal les pidió prestado a unos niños a cambio de ¡oh! un porro). A su vez, las historias de amor lésbico no tienen demasiado espacio y casi ningún interés y el sexo salvaje y desenfrenado de la época aparece lavado con lo cual no capta a los radicales e irrita a las mentes bienpensantes. Eso sí, parece tener la fórmula virtuosa para que un gran público gay y lésbico de raza blanca y clase media literalmente lo adore.




Partiendo de esa base, no esperaba gran cosa de The Untold Tales of Armistead Maupin el documental sobre su vida y su obra que dirige Jennifer Kroot y que actualmente se puede ver por Netflix. No voy a hablar, para no ensañarme, del formato clásico y remanido del producto (testimonios superpuestos con fotos, más anécdotas, más dibujitos e imágenes obvias de San Francisco e imágenes de películas), ni del ególatra relato estadounidense del republicano devenido en héroe que termina haciendo una épica de sí mismo, ni siquiera del regodeo en las imágenes de la comunidad gay diezmadas por el Sida en los años ochenta que vimos incontables veces y tampoco en el hecho de que Maupin en su ficción mata por el Sida y contagia por hiv solamente a los personajes gays (hay héteros promiscuos pero parecen inmunes al virus). 

Pero si, no puedo dejar de pasar por alto que Armistead Maupin se vanaglorie en el documental del reprobable hecho de haber sacado del clóset a un Rock Hudson ya enfermo. En su argumentación sacrifica a Hudson como forma de denuncia del sistema de estrellas de Hollywood y en defensa de la comunidad para que se tome conciencia y para no seguir siendo estigmatizados. Pero no pone su cuerpo sino el de Hudson. 

Paradójicamente su propia salida del clóset había sido una tímida carta abierta en el marco de las Historias… firmada por un personaje. Doble paradoja: Maupin señala que el dolor más grande de su vida es cuando su pareja Terry lo abandona en el marco de lo que se dio en llamar en Estados Unidos el divorcio del cóctel. Es decir, el fenómeno que se dio cuando aparecen los medicamentos para el HIV y muchas personas que creían que iban a morir encuentran la posibilidad de supervivencia y se separan. Aparece allí un gesto de dolor y también de reproche de Maupin al recuerdo de Terry. En cambio, no hay el mínimo análisis de conciencia y nunca aparecen reprochables muchas de sus por lo menos discutibles acciones.

miércoles, enero 23, 2019

EXPO LGTBIQ | BCN | Lorenza Böttner : réquiem por la norma ¿Qué es lo “normal”?


Por Darío Cortés.

Hasta el 3 de febrero, La Virreina Centre de la Imatge, en Barcelona, presenta la exposición (con entrada gratuita): “Réquiem por la norma”. Es la primera muestra monográfica internacional dedicada a la artista chileno-alemana Lorenza BÖttner, que buscó en el arte una forma de construirse un cuerpo político y vital y de reivindicar su derecho a existir libremente frente a la opresión y a la institucionalización a la que se somete a los cuerpos transgénero y con diversidad funcional. La exposición comienza en la ciudad de Barcelona y llegará a más ciudades.

Una imperdible exposición se presenta en la Rambla de Barcelona, la muestra es imperdible por donde se la mire, pero tiene tres espacios claves en el recorrido propuesto: por un lado el génesis de la artistas cuando era un niño atormentado por sus diagnósticos médicos que lo “incapacitan” a realizar actividades. En segundo lugar la etapa de exploración en el centro Böttner de Alemania y por último el sector que comienza por las fotos que realizó para Tom Mapplethorpe en New York y que continúa con la máxima explosión artística de la realizadora incluido un mural autorretrato realizado con sus pies. La muestra está llena de vida y de protesta ya desde la entrada a través de los textos que acompañan cada salón con frases como : “¿En qué marco de representación puede un cuerpo hacerse visible como humano? ¿Quién tiene el derecho a representar? ¿Quién es representado? ¿Puede una imagen conceder o denegar agencia política a un cuerpo? ¿Cómo puede un cuerpo construir una imagen para convertirse en sujeto político? ¿Hay alguna diferencia estética entre una imagen hecha con la mano y una hecha con el pie, o bien esa diferencia traduce una posición de poder?" Muchas de estas preguntas son o bien respondidas en el impacto emocional que produce ver sus trabajos o bien crean nuevas preguntas acerca de la mayor de todas: “¿Qué es lo normal?”. Para disfrutar profundamente esta exposición es necesario conocer algo de la historia de vida de Lorenza.

La trayectoria de Lorenza Böttner (Punta Arenas, Chile, 1959 – Múnich, Alemania, 1994) representa una de las críticas más agudas a los procesos de discapacitación, desexualización, internación e invisibilización a los que son sometidos los cuerpos con diversidad funcional y los cuerpos transgénero. Mediante la fotografía, la pintura y la performance (también definida por la artista como “danza pintura”), la obra de esta artista que pintaba con los pies y la boca constituye un himno a la disidencia corporal y de género.

Nacida como Ernst Lorenz Böttner en el seno de una familia alemana en 1959 en Chile, sufrió un accidente a los ocho años donde perdió ambos brazos. Rechazó usar prótesis, pero desarrolló un gran interés por el ballet clásico, el jazz y el tap. Educado en Alemania, Lorenz fue institucionalizado junto a los llamados ‘niños del Contergan’ -nacidos con deformaciones en sus miembros a causa de los efectos secundarios de este somnífero en el feto- y tratado como ‘discapacitado’. Frente al diagnóstico médico y a las expectativas sociales, Lorenz decidió estudiar en la Escuela Superior de Arte de Kassel, y comenzó a pintar y a hacer performances públicas encarnando una identidad femenina bajo el nombre de Lorenza Böttner. En los años ochenta participó activamente en la Disabled Artists Network con Sandra Aronson y defendió la existencia de una genealogía de artistas sin manos que trabajaban con la boca y los pies.


Lorenza Böttner transformó la práctica de la pintura en el arte de la performance, haciendo de las calles un escenario para la politización de la diferencia corporal. Sin embargo, su trabajo subvierte esta tradición de pintura pública hecha con los pies y la boca, tanto a través de los temas representados (autorretratos, como el de una trans sin brazos amamantando a un bebé, escenas de brutalidad policial, etc.) como mediante el empleo de un lenguaje más conceptual, informado por el performance contemporáneo. Así, por ejemplo, en su intervención "Venus de Milo" (interpretado por primera vez en Kassel, luego llevado a Nueva York y San Francisco), el cuerpo transgénero disidente se convierte en una escultura política viva, en un manifiesto escultórico sin brazos. Superando tanto la posición narcisista masculina de la dripping painting como la tradición feminista del performance público, Lorenza pintaba mientras bailaba sobre un pedazo de papel o en un lienzo puesto en la calle, reclamando el derecho de existir y de crear en un cuerpo transgénero sin brazos.

“Ignorada hasta ahora por la historiografía dominante del arte, su obra aparece hoy como una contribución indispensable a la crítica de la normalización del cuerpo y del género a finales del siglo XX”, escribe en su ensayo Paul B. Preciado, curador de la muestra, en la que se reúnen más de cien obras. “Ejercicios de resistencia a la mirada médica y exotizante que reduce el cuerpo con diversidad funcional o trans al estatus de espécimen y de objeto, sus trabajos se caracterizan por el uso de la autoficción, la imitación disidente de los estilos visuales de la historia del arte, la experimentación corporal y la crítica de la distancia disciplinaria entre los géneros —entre pintura y danza, entre performance y fotografía, pero también entre masculino y femenino, entre objeto y sujeto, entre activo y pasivo, entre válido e inválido”.

El escritor chileno Pedro Lemebel dijo que la performance de Lorenza acerca de Venus de Milo: "su trabajo amortigua el hachazo de los hombros y traviste la evidencia mutilada en cirugía helénica. Lo interesante es la destrucción de la escultura como ortopedia social normalizante" según  comenta Preciado en su ensayo.

La exposición, una coproducción con el Württembergischer Kunstverein Stuttgart, arranca en La Virreina Centre de la Imatge por la importancia que Barcelona tuvo en la vida de la artista. Lorenza Böttner se mudó a la ciudad en los años ochenta, donde estableció vínculos con muchos de los artistas locales y se convirtió en Petra, la mascota de los Juegos Paralímpicos diseñada por Mariscal. Después de haber viajado intensamente por Europa y América dibujando y haciendo performances, Lorenza murió en 1994, con 33 años, por complicaciones relacionadas con el Sida.

Tras una primera pequeña muestra de su trabajo en la Documenta 14 de Kassel, esta exposición es la más completa realizada hasta ahora sobre la obra de Lorenza Böttner, un manifiesto irreverente, revolucionario, disidente y vitalista por los derechos de las personas transgénero y con diversidad funcional, así como un viaje a la obra singular de una artista única del siglo XX.



LORENZA BÖTTNER: “RÉQUIEM POR LA NORMA”
Hasta el 03/02/2019
Centro de la Imatge
La Rambla, 99, Barcelona.
Horario: de martes a domingos de 11 a 20hs
Entrada gratuita.



miércoles, enero 16, 2019

LITERATURA | LA NUEVA NOVELA DE MURAKAMI, "La muerte del comendador - Libro 1"



Por Darío Cortés.
La nueva novela de Haruki Murakami: “La muerte del comendador – Libro 1” (Tusquets, 2018) narra inquietantes universos que mantienen al lector atrapado y no lo suelta en ningún momento. Es uno de sus textos más heterogéneos ya que habita el mundo de la pintura, del desamor, de los relatos sobrenaturales y fundamentalmente es una potente historia sobre la soledad y los duelos.

Como ocurre en cada lanzamiento de alguno de sus libros aparecen los críticos detractores de Murakami y también aquellos que lo ensalzan por las nubes y se preguntan cómo es posible que aún no se le haya entregado el Premio Nobel de Literatura.  Los periódicos más importantes del mundo mencionan: “Con este libro Murakami se supera a sí mismo”, “Murakami consigue mantener una tensión asombrosa”, algunos lo asocian a Edgar Allan Poe o a Thomas Mann con esta novela y otros sencillamente anuncian el evento pero aclaran que posiblemente no sea su mejor novela. 

En "La muerte del comendador" hay, como en "El libro de las ilusiones" o "La noche del oráculo" de Paul Auster, un hombre que, aislado del mundo, intenta rehacer su vida luego de una separación repentina de su esposa. Hecho que el personaje vive como traumático y por eso decide irse a vivir a la montaña, a las afueras de la ciudad, a una casa del padre de su mejor amigo que también era pintor. Sin embargo, si las novelas de Auster abundan en juegos metaliterarios, las de Murakami abren puertas y ventanas, laberintos, pozos sin fondo en los que el lector, como la Alicia de Lewis Carroll, se desliza en trayecto de ida y vuelta hasta que las fronteras entre la realidad y su reflejo virtual se confunden.

En el primer volumen de 'La muerte del comendador' (la publicación del segundo libro, según anunció Tusquets es en enero de 2019), la sencillez de la prosa de Murakami es un juego más del autor, es un viaje por los caminos de un presente sin mucha esperanza, es un recorrido por los recuerdos dolorosos de la muerte de la hermana del protagonista y es la angustia del tránsito de un pintor que se encuentra ante un lienzo en blanco, en pleno vacío creativo. Sin embargo asoma en el relato un tinte irónico en el narrador que generalmente aparece en primera persona y es el propio pintor al que la vida lo ha descolocado y así como padece sus tristezas también se burla de su propias miserias.

Se puede pensar que ese estilo de escritura informativa, por momentos plana, sea una trampa para ocultar la profundidad infinita que albergan los temas de la novela: los temores, el vacío creativo, la página (o el lienzo) en blanco, el desamor, la tragedia de convivir con el recuerdo de una hermana muerta y algunos sobrenaturales sucesos que va contando el protagonista. Como quien en soledad trata de pensar mejor aquello que no pudo en los momentos críticos de la vida y así se sumerge en un relato algo surrealista desde lo más profundo del inconsciente.

Los saltos de tiempo que consigue Murakami son admirables, trasladándose en el relato de la nueva vida que asume el protagonista a su propio pasado, viajando de una dimensión a otra y estableciendo una extraña amistad con un acaudalado vecino que le encarga un retrato y así comienza nuevamente a pintar. El descubrimiento de un cuadro oculto que pintó el dueño de la casa que lo aloja y que pertenecía al famoso pintor Tomohiko Amada lo lleva a los universos de la ópera Don Giovanni de Mozart y su estreno en Praga, a los tiempos en que el autor del misterioso cuadro (Amada, retirado en un asilo de ancianos) vivió en Viena en plena ocupación Nazi.

El recuerdo de su hermana fallecida repentinamente, a causa de una extraña enfermedad es omnipresente, el narrador cuenta en pasajes conmovedores que nunca se animó a hablar con su ex esposa de su hermana y que aquello que lo enamoró de ella es el parecido que había con su hermana. En unos pasajes con un ritmo frenético de confesionario, el personaje menciona que no soportaba los espacios encerrados desde que vio el joven cuerpo de su hermana en un ataúd y que su ex mujer detestaba esta fobia en vez de comprenderla y que se burlaba de él por elegir tomar escaleras en vez de ascensores. Es desgarradora la reconstrucción del final de su ex relación : "¿Cómo es posible que me haya amado por seis años y aquella noche la escuche decir: 'ya no puedo seguir contigo, estoy cansada' ? ¿Qué pasó en el medio que no me di cuenta? Un día dejó de querer tener sexo conmigo y al poco tiempo me abandonó. Todo sucedió muy rápido para mi corazón". También vuelve desde el más allá la figura de la adolescente en las miradas de Marie Akikawa , una joven alumna que misteriosamente está relacionada con el millonario vecino Amada.

El relato deriva de la aparición de los nuevos personajes, de la crónica que el propio narrador hace de su pasado, se superponen para construir un complejo palimpsesto de significados donde la Historia, el Arte y la identidad dialogan con el talento de Murakami para desplegarse como un juego de muñecas rusas. Es en la soledad donde el protagonista abandonado por su mujer y con la autoestima por el suelo debe reconstruir su vida como puede y empieza a hablar, a pintar... a escribir.

Probablemente no sea una novela con el impacto emocional de: “Tokio Blues”,  “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, “Kafka en la orilla, “After Dark”, etc pero no decepcionará a sus adeptos y puede que con este regreso a la novela se sumen a su lista algunos nuevos lectores luego del su tránsito de Murakami por sus últimos libros que habitan los ensayos (“De qué hablo cuando hablo de escribir”) y otros géneros impactantes como la reconstrucción de las historias de vida de las víctimas del terremoto de 1995 en el metro de Tokio ("Después del terremoto"). 
"La muerte del comendador - Libro 1" es una recomendación para tener en cuenta.

domingo, enero 06, 2019

ENTREVISTA A MARIU FERNANDEZ, una artista potente que brilla entre “Chorus line” y Amy Winehouse.


















Por Darío Cortés.


Mariu Fernández: Una mujer multifacética y con una energía electrizante, arriba y abajo del escenario. A pocos días de estrenar “Chorus Line” en el emblemático Teatro Maipo de Buenos Aires, también se presenta en Bebop Club con sus consagrados shows: “Amy´s night” & “Classics”. En esta entrevista nos cuenta mucho de ella y de los mundos que interpreta.


DC: ¿Por qué elegiste a Amy Winehouse para montar un concierto, un bio-show o bio-drama?

MF: Escuché una canción de ella sin saber quién era y me impactó su voz. Me la imaginaba negra, robusta y adulta. Cuando la vi no podía creer su imagen frágil, cuerpo delgado y su pelo a su estilo. Nada que ver con lo que me había imaginado. Eso me despertó más curiosidad por esta artista, busqué sus discos, escuche todo lo que había hasta el momento editado. Amy me capturó. Fui descubriendo cómo sus letras estaban escritas desde el dolor, como si fuesen palabras de una mujer que vivió más años y más experiencias. Notaba una carga “dark” en la voz que me fascinó. Ella cantaba con drama. Entonces mi actriz y cantante vio en ella un personaje-artista interesante para llevar a escena, cantar sus temas y contar algunos aspectos de su vida. Es la artista que más me llamó la atención, la que tocó mi sensibilidad. El espectáculo lo llevamos a escena y el texto era de Osvaldo Bazán y la dirección de Denis Smith. Hoy de aquel espectáculo queda un maravilloso recuerdo, pero mi show “Amy´s night” es un concierto con sus canciones donde ya no salgo caracterizada pero no se lo pueden perder. En Bebop club, San Telmo.

DC: ¿Con qué aspectos de su vida y de sus elecciones musicales te sentís identificada?

MF: Me siento identificada con Amy con respecto a “la figura del padre”.  Siento que ella tuvo una presencia aplastante de su papá, estaba muy encima de ella y no sé si la cuidaba realmente. En mi caso es todo lo contrario, la puedo comprender porque tuve un exceso de ausencia de mi padre, casi no tuve relación con él. Sin embargo ella batallaba con un hombre fuerte, demasiado presente, que se colgó de la fama de su hija.
Con respecto a lo musical, al igual que ella me siento identificada con la música soul, funk, rhythm and blues, la música negra me alucina. El sonido de las canciones de Amy me llevan a ese lugar. Ella fusionó la música negra clásica con un toque rockero y punk, por sus letras, por su prepotencia.

DC: Un documental da cuenta de su debut en el escenario (en época escolar) como una de las coristas de “Little shop of horrors”. Allí mismo ella confiesa que no se sentía preparada para oír su propia voz y asumir los roles de cantar, actuar y bailar. Tal vez por inseguridad o porque consideraba que no cantaba tan bien. ¿Qué pensas de esta anécdota?

MF: La comprendo mucho. Es difícil escucharte o verte actuar (cantar y bailar). Yo pienso que se habrá visto, se escuchó, se sorprendió de su talento y probablemente se odio, por lo talentosa que era. Es algo difícil para un artista verse, a mí me sigue costando y soy muy crítica conmigo misma.


DC: ¿Qué aspectos de su figura te conmueven?

MF: Su fragilidad, su look, su estilo fuerte me conmueve. Mostraba una fachada dura pero para mí era una persona frágil, sensible y humana. Ella buscaba sentirse querida y correspondida. Buscaba el amor. En un hombre, en su padre.

DC: Musicalmente y vocalmente ¿Qué pensas de la elección de sus repertorios?

MF: Me fascinan las elecciones que tomó, su etapa blusera, su estilo único. Siento admiración. Sus temas están muy bien compuestos, musicalmente ni hablar, pero la letra, la historia que cuentan me parece algo extraordinario. Me gusta cómo suena su música, cada coro, cada letra, cada instrumento parece estar donde debe estar. Ella era una virtuosa. Canta en contra alto y yo me preparé mucho para eso. Yo no soy una imitadora, yo habito sus temas, su repertorio, con mi propia impronta. Es muy difícil pero al mismo tiempo disfruto mucho volver a cantar sus temas una y otra vez.

DC: ¿Cómo resumirías su paso por este mundo?

MF: Fue un paso muy fugaz. En vida sólo grabó dos discos “Frank” y “Back to black”. Luego se editaron más de grabaciones que son dignas de ediciones pero ella ya no estaba. Vivió muy rápido y muy intensamente. Una gran artista que dio mucho y tenía mucho más para dar. Dejó un legado muy importante para la música, es doloroso que no esté en este mundo.

DC: Si tuvieras que elegir 3 canciones cuáles elegirías?

MF: “Stronger than me”, “Back to black” (es su duelo con su esposo Blake que se hizo tan escandaloso y público, ella lo hizo música y el tema me encanta) y “You know that i´m not good”. Es muy difícil elegir sólo tres canciones.



DC: ¿Qué te espera como próxima meta artística mientras seguís presentándote en tus conciertos?

MF: El 9 de enero estreno “Chorus line”. Siempre amé ese musical pero no me sentía preparada para presentarme a los castings. Audicioné concretamente para el personaje de Diana Morales, la latina en la película (que por otra parte es el personaje que más me gusta). Dirige Ricky Pashkus. Es en el Maipo. La música es espectacular. Es un elencazo. La coreografía es buenísima. No pueden perdérselo.


DC: ¿Cómo transitaste tu paso por el cine junto a Ricardo Darín en "El amor menos pensado"?

MF: Allí interpreté a una novia que tuvo el personaje de Darín, una cantante de la calle, hice un cover: “Rezo por vos” de Charly. Mi experiencia fue más que positiva en la película, siempre quise hacer cine, un deseo muy grande para mí. Acá me tocó actuar y cantar ni más ni menos que para Darín. Honestamente fue un compañero maravilloso para mí, igual que el director Juan Vera. Me guiaron ambos y fueron muy generosos conmigo.

DC: Así como montaste el show de Amy o el de clásicos ¿Qué proyecto te gustaría concretar desde el deseo en un plazo no tan largo?

MF: Me llaman la atención mujeres fuertes como Tina Turner, Gilda, Selena y otras más. Me gusta mucho la música española, habitaría personajes de los que me fascinaron en: “Las cosas del querer” o los momentos musicales de las películas de Pedro Almodóvar. También me gustaría generar un proyecto donde pueda presentar mis propias canciones.

PRÓXIMAS FECHAS PARA VER A MARIU:
  •          “Amy´s night”  - 15 de enero en Bebop club (21hs, San telmo, Buenos Aires)
  •            "Classics (con repertorio de Ray Charles, Nina Simone, Bruno Mars, Stevie Wonder, etc) –         Consultar cartelera de Bebop Club
  •          Faena show (Hotel Faena - Puerto Madero – Consultar fechas)
  •          “Chorus Line” – Desde el 9 de enero en el teatro Maipo (CABA)
LA BANDA

Una cuestión aparte y destacable es la banda de músicos que acompaña a Mariu en "Amy´s night. Es impresionante el talento de cada uno de los músicos en cada espacio musical que tienen para lucirse. El brillante acompañamiento de NACHO COLOMBINI en la batería y CLAUDIO SCOLAMIERO en el saxo sostienen un ritmo "muy Amy" que no sólo sostiene la linea musical clásica sino que le dan el espacio propicio para que se sume GUILLERMO MARIGLIANO con su guitarra y NICOLÁS RADICCHI con su bajo. El piano no se queda atrás al igual que la trompeta por SEBASTIÁN DI PARDO. Las voces principales de Mariu y los coros de NACHO FRANCAVILLA, FRANCO FRIGULIETTI Y JULIÁN LOLLO le dan el marco perfecto para disfrutar por partes iguales de un puñado de músicos y cantantes destacables y así repasar profesionalmente y musicalmente por uno de los mejores show que hay en Buenos Aires dedicados a la figura de Amy Winehouse y no se trata de un tributo. Esto es un show craneado con consciencia de homenaje a la artista británica. La sala Bebop club propone un espacio que bien podría estar en algún recoveco del barrio favorito de Amy: Camden Town.


Formación de la banda en AMY´S NIGHT:
Voz: Mariu Fernández
Guitarra: Guillermo Marigliano
Piano: Andrés Pérez Alarcón
Bajo: Nicolás Radicchi
Batería: Nacho Colombini
Saxo: Claudio Scolamiero
Trompeta: Sebastian Di Pardo
Voces: Nacho Francavilla / Franco Frigulietti / Julián Lollo

miércoles, noviembre 07, 2018

TEATRO | ENAMORARSE ES HABLAR CORTO Y ENREDADO



Por Darío Cortés.

La obra se presenta en el Camarín de las Musas los domingos. Una pieza compleja y profunda, dentro de su aparente simpleza con mateada incluida como acción principal.

 “¿Por qué el amor que parece tan dulce
cuando se prueba, es amargo y tirano? (…)
Esto que siento es lo que hace el amor.
Mi tristeza es más pesada en mi pecho.
El amor es un humo hecho de los suspiros.
¿Qué más es el amor? Es una sabia forma de locura”

William Shakespeare, Romeo y Julieta (1597)
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En un banco de plaza, Ana y Pedro se conocen. Una mariposa sobrevuela sobre el primer diálogo y la muchachita de ciudad dice que es finita como un papelito. Él, tipo de campo, la nombra etérea, impalpable, así como si fuese un ser del cielo. Ana pensaba irse pero ni bien le habló el muchacho, decide quedarse. En un vuelo de riesgo acepta un mate amargo. El encuentro inesperado se hace círculo y comienza a girar la rueda de la fortuna, las palabras salen torpes, sin pensar o salen como salen y es el otro el que las malinterpreta. Los 60 minutos de duración de la obra están planteados en tono de comedia, calibrada como un reloj suizo con todos sus componentes. En el centro del espacio van sucediendo una serie de giros (en todos los sentidos) que encuentran su eje en ese flechazo.

Hablar de amor parece que está mal visto en el género dramático y el autor de esta obra, Leandro Airaldo (que además es el director), enfrenta este prejuicio o este lugar que según algunos se deberían evitar porque las comedias románticas de Hollywood ya lo llevaron al paroxismo y porque hablar de amor es un tema muy recurrente en el teatro fundante desde el Renacimiento en adelante y porque me atrevo a afirmar que el teatro tiene una recurrencia a poner acción al amor además de hablar de él y argumentar. El dramaturgo  se mete de lleno, explotando el tema con su creación, abarcando casi todos los recursos y estrategias del relato, del dispositivo escenográfico, lumínico, el vestuario  y de la acción misma a través de una potente composición actoral. Los personajes no saben que están hablando del amor. Hablan de otras cosas, de la vida en general pero todo se modifica, lo que va sucediendo cambia a cada instante, gira. Ella espera un mate y se lo toma él primero, un sonido desde un altavoz de un vendedor de chatarra, un “bicho feo” que parece lanzado por un pájaro en el mismísimo momento en donde Ana confiesa que no se siente “linda” o "atractiva", a lo que el varón  menciona que sí. Bullicio de plaza, bichos de yuyo que suenan en cada silencio. Todo conspira como banda sonora acertada.
 
Los amantes no saben que están argumentando acerca del amor ni el destino pero el tan mencionado Cupido los unió en un banco de una plaza y por alguna extraña razón tienen algo que decirse, sea relevante o se trate sólo del clima, la consistencia de la yerba, la preparación del mate o de que a veces viene dulce o amargo…el mate…el amor…la vida. El espacio es un pulmón en un barrio, una plaza que puede estar en un pueblo o en una ciudad  pero en realidad es un recorte de pocos metros cuadrados de color gris rodeado de un color negro profundo y bien oscuro. En ese recorte hay un árbol pelado y consumido, sin hojas. La iluminación lo vuelve bello o primaveral  y otras veces tenebroso, anunciando un final con olor a invierno seco y frío pero allí en escena parece que es primavera o verano eternamente, las “estaciones del amor”. Es desde el comienzo de ese vinculo  en adelante donde las conversaciones se enredan, el discurso de Ana y Pedro es distinto entre sí. Avanzan los diálogos, hay errores gramaticales que Ana no le deja pasar, pero en el campo se habla así, dice él. Por momentos parece que todo se va ir de las manos y que al ser tan diferentes estos dos seres son incompatibles pero sin embargo no se mueven del banco, la hora que dura el encuentro y desde la óptica del público habita una sensación de que ellos no paran de moverse en escena cuando en realidad no es así, gira el banco con un dispositivo metafórico de escenografía admirable, rueda el mate, de repente se pierde el mate, vuelven a encontrarlo, así como se pierde el hilo de la conversación o malinterpreta uno lo que dice el otro y le da un significado distinto, parece que al hablar se van entendiendo menos pero luego todo vuelve a sintonizar. La conversación parece al borde del colapso siempre pero no, se disculpan, se gustan a pesar de todos los errores. No siguen juntos por soledad, siguen porque se atraen. "Yo no dije eso", "No usé esas palabras", “No nos estamos entendiendo en nada” dicen y a los pocos minutos repiten la frase: “Mire que cosa, a mí me pasa lo mismo que a usted en todo eso. ¡Qué coincidencia!”. La composición lograda de dos antihéroes es admirable y conmovedora. Dos actores que ponen todos sus elementos al servicio del juego y brillan creando a sus criaturas: Emiliano Díaz y Soledad Piacenza.

La obra no es pretenciosa, es chiquita pero gigante. Es una obra anti domingo total, es un bicho de luz revoloteando en la noche del campo de la soledad, ahí donde los grillos suenan cada vez más fuerte hasta que algo inesperado sucede y nos deja menos solos después de esa sensación ambigua de que enamorarse es una equivocación, un juego perdido (“Caer en…” / Fallin in… como dicen en inglés) pero esa es sólo una de las posibilidades del amor.

Ficha técnica y artística
Dramaturgia: Leandro Airaldo
Actúan:Emiliano Diaz, Soledad Piacenza
Vestuario: Alicia Macchi
Escenografía: Miguel Nigro
Iluminación: Luciana Giacobbe
Realización de escenografia: Manuel Escudero
Música: Silvia Vives
Sonido: Silvia Vives
Diseño: Nadia Estebanez, Veronica Lopez
Asistencia de dirección: Nadia Estebanez
Producción: Nadia Estebanez
Dirección: Leandro Airaldo

Funciones
EL CAMARÍN DE LAS MUSAS
Mario Bravo 960 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Reservas: 4862-0655 / 1541753079
Web: http://www.elcamarindelasmusas.com.ar
Entrada: $ 300,00 / $ 240,00 - Domingo - 20:00 hs
Lunes - 18:30 hs - 19/11/2018
Entrada: $ 190,00 - Viernes - 13:00 hs - 23/11/2018

domingo, octubre 21, 2018

MÚSICA | Violeta Parra, la olvidada más nombrada





















Por Francisca Neira.

Escribir acerca de Violeta Parra es un desafío tremendo para cualquier chileno. Pareciera que todo acerca de ella está dicho y que nadie sabe nada al mismo tiempo. A 101 años de su nacimiento y pasados 12 meses de la euforia que causó en Chile su nombre y figura, propongo una reflexión nacional y regional para que las injusticias pasadas dejen de mordernos los talones.


La semana pasada se cumplieron 101 años del natalicio de Violeta Parra, cantora, compiladora, escultora, pintora, bordadora… en fin, artista autodidacta que se ha convertido en un ícono del arte popular, la autogestión, la resistencia y compromiso con la lucha por las injusticias sociales, pero también de la falta de reconocimiento por parte de la institucionalidad y el Estado chileno. No quiero sonar injusta, sé perfectamente que hoy existe en Santiago un museo que lleva su nombre y que rescata su trabajo y legado; que el Día de la Música Chilena, establecido por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (una corporación de derecho privado sin fines de lucro) se celebra en la fecha de su cumpleaños, que el Centro Cultural Palacio La Moneda mantiene una exposición permanente de su obra en una sala que lleva su nombre y que varios libros y filmes toman su vida como eje central de tramas e investigaciones que han puesto su nombre en las bocas de generaciones más recientes.

Pero sabemos, todos los chilenos, que eso no siempre fue así y que la Viola Chilensis murió sumida en una lucha por obtener recursos y abrir espacios para que su arte y el de otros fuera apreciado y valorado. Quizá su cuna humilde, las pocas sílabas de su apellido o su interés por el sustrato rural, tradicional y obrero, sin dejar de lado su perspectiva femenina de lo que veía a su alrededor y de manifestar su interioridad la llevaron a ser ignorada e, incluso, vilipendiada muchas veces en su país natal.

Hija de un profesor y una campesina, nació en el sur de Chile en el seno de una familia pobre y numerosa a la que, desde muy pequeña, se vio en la necesidad de ayudar monetariamente, utilizando su canto y personalidad como fuente de producción. Con el paso del tiempo, el éxodo a Santiago, sus dos matrimonios y separaciones, el nacimiento de sus hijos y los viajes al extranjero no cambiaron la situación precaria en la que siempre se había encontrado: la vida de Violeta seguía siendo, antes que todo, el canto, el folclor y un empeño inaudito en rescatar y valorar masivamente a la cultura popular en la que había crecido y que, sabía, contenía la sangre de un país al que la identidad se le escapaba entre los dedos.

“Arriba quemando el sol” o “Miren como sonríen” son ejemplos de la agudeza de su discurso, de lo potente de su carácter y de lo solidario de su pensamiento. “La lavandera” y “Qué he sacado con quererte” nos desgarran en un sentir que da cuenta de lógicas patriarcales y sentimientos y necesidades mujeriles que afuera de su mundo se disfrazaban de melodrama. “La jardinera” evidencia el vínculo ineludible del humano con la naturaleza y “Verso por la niña muerta” nos hace un recorrido por la culpa, la pena y el desconsuelo. Y ni hablar de ese himno nostálgico que es “Gracias a la vida”, que ha recorrido el mundo entero y que se ha transformado también en una suerte de carta de presentación de los folcloristas latinoamericanos.


Muchas de esas canciones y otras han sido versionadas por un sinfín de compatriotas, desde aquellos que cultivan el legado de sus sonidos, como Los Bunkers, hasta aquellos que a primera vista parecieran no tener un solo punto de coincidencia con ella, como los contestatarios y marginados K.K. Urbana, pioneros del punk chileno. Y no hemos de olvidar a los músicos internacionales que han hecho eco de sus palabras, tan dispares entre ellos como la argentina Mercedes Sosa, el estadounidense Mike Patton o el italiano Jovanotti.

Hoy, Violeta Parra es uno de los puntos neurálgicos de la voz nacional transgeneracional, aunque pareciera que el sitial patrimonial que merece su figura recién ha comenzado a forjarse hace un par de años atrás. “Más vale tarde que nunca” estoy segura de que pasa por las cabezas de muchos y que sale de la boca de otros tantos. Sí, más vale. Y más vale también estar atentos porque son muchos los artistas en Chile, Latinoamérica y el mundo que son ignorados por el mercado y la institucionalidad y que, probablemente y con suerte, tendrán el mismo destino que la trayectoria de la cantautora. Este año, nuevamente, la conmemoración del natalicio de Parra pasó sin pena ni gloria en un país que parece recordar solamente los centenarios. Chile fue injusto con Violeta, esperemos que no lo sea con nadie más.




viernes, septiembre 28, 2018

LITERATURA | EL ÚLTIMO LIBRO DE JOYCE CAROL OATES




por Adrián Melo.

"Un libro de los mártires americanos" de Joyce Carol Oates, acerca del perdón y la promesa.  

Siempre resultan conmovedores las situaciones en donde se perdona lo imperdonable. En ese sentido la literatura del siglo XIX ha sido ejemplar: cuando Edmundo Dantès, el Conde de Montecristo de la obra maestra homónima de Alexandre Dumas contempla que su ira y su venganza se extralimita y llega a herir a inocentes y que está a punto de convertirse en lo que un ser tan despiadado como de quienes pretendía vengarse suspende su revancha y finalmente libera a Danglars, el hombre que más contribuyó a su ruina y a su desdicha. Eso ocurre también en Los miserables de Victor Hugo cuando Jean -Valjean le perdona la vida a Javert, su eterno perseguidor, prototipo del guardia cárceles de la humanidad.
Un libro de mártires americanos, la última magistral obra de Joyce Carol Oates (de más está afirmar lo que ya se dijo incontables veces y es que Oates es la novelista más prolífica y talentosa norteamericana viva y que el día que gane el Premio Nobel cuenta con una multitud de fanáticos en el mundo que saldrán a festejar en las calles entre los que me cuento y por lo tanto mi crítica será muy subjetiva) es una novela  que trata sobre muchas cosas: es una reflexión sobre el aborto (y en ese sentido parece hecho para el presente argentino) pero también sobre la pena de muerte y un retrato implacable del mundo contemporáneo en general y de Estados Unidos en particular en donde prevalecen los atentados terroristas y el fanatismo religioso. Y en este sentido resulta impresionante la manera en que la novelista crea datos que bien puede sacarse de la más veraz realidad: asesinatos contra médicos que practican el aborto por parte de sectas enfervorizadas religiosas, mitos pseudo - sacros para defender el slogan: “Salvemos las dos vidas”,  discursos de los fanáticos de un supuesto Ejército de Dios que ejecuta vidas humanas y que se parecen peligrosamente a otros tantos discursos radicales y de odio que escuchamos en el Senado en contra del aborto seguro, legal y gratuito en boca de señores y señoras bien profetas y paladines de los pañuelos azules-. Y finalmente es una novela sobre el perdón y la promesa.
Y eso lo hace simplemente a través de la historia de dos familias que desarrolla en 814 páginas que bien podrían leerse de un tirón por la fluidez y la genialidad con que están escritas pero que se saborean lentamente por su profundidad y porque entre las palabras de Oates se desliza frecuentemente la rabia, la duda, la pena y  la emoción contenida (con lo cual se relee con sádico placer). Las familias son las de August Voorhes, médico idealista que ejerce el aborto –con plenas convicciones sobre las libertades y el cuerpo de la mujer- y de la de Luther Dunphy, un fanático evangélico que cree actuar en nombre de Dios cuando dispara al mencionado galeno frente a la clínica de una pequeña ciudad de Ohío. La novela sigue los destinos de sendas familias truncadas por el dolor y la pérdida: de las mujeres de ambos –se mencionan al pasar algunas de sus amantes- y especialmente de sus respectivas hijas y si bien la empatía está con Voorhes, como en Oates nunca hay blanco y negro, sino diversas matices del gris, frecuentemente nos hace sentir compasión por el asesino Dunphi y su progenie.
Porque como ya lo anticipó Tolstoi en ese comienzo de Anna Karenina destinado a hacerse célebre: “Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Y hay sutiles y brillantes analogías entre los Voorhes y los Dunphi.  Como no todo lo que brilla es oro, la aparente familia feliz de los Voorhes también tiene sus claroscuros que llevan a la reflexión.
Esos matices grisáceos se acrecientan cuando conocemos el adorable personaje de Madelena, la madre de Voorhes, una mujer independiente y que se mostró siempre como dueña de su destino que no quiso ejercer su rol materno y que sin embargo amó intensamente a su hijo. En la historia de su vida que desarrolla en unas pocas y conmovedoras páginas que dirige como una carta a su nieta, el personaje de Madelena logra poner en jaque –con un argumento profundamente vívido e inusualmente sólido y novedoso- aún a los que tenemos una posición definida respecto al inquebrantable derecho de la mujer en relación a decidir la interrupción de un embarazo.
Oates sabe crear personajes contradictorios: Jenna Vorhees, la esposa de August, madre amantísima hasta que la tragedia la lleva al abandono literal de sus hijos; Melisa, la hija adoptada nunca logró integrarse a la familia Vorhees, Edna Mae, la sufrida esposa de Dunphi, Kinch, Darren, entre otros de una galería de personajes inolvidables y bien trazados.
Pero el foco está puesto en las vidas paralelas de dos de las hijas de Gus Vorhees y Luther Dunphi: Naomí Vorhees y Dawn Dunphi, respectivamente. La primera, intenta convertirse en una documentalista obsesionada con preservar el recuerdo de la vida y de la obra de su padre y lleva escondido un oscuro secreto de revancha. Y la segunda, deviene en boxeadora de cierto éxito. Dos vidas que se están buscando a contrapelo, casi sin decirlo y que se encuentran casi al final (ojo que en los últimos párrafos voy a spolear el final).
Y es allí, en estas vidas, donde aparece la posibilidad y la facultad de perdonar.  El perdón, don divino según Hannah Arendt porque mediante él se puede, en cierta forma, deshacer lo hecho. Don que contempla entonces la redención del predicamento de irreversibilidad en las relaciones humanas. Por el rencor se quiere disolver todo vínculo con quien ha sido ofensivo con sus palabras o sus actos; y el arrepentimiento es un no querer abandonar el instante de la falta.  Frente a ellas se erige el perdón que tal como lo expresa Arendt: “es ciertamente una de las más grandes capacidades humanas y quizás la más audaz de las acciones en la medida en que intenta lo aparentemente imposible, deshacer lo que ha sido hecho, y logra dar lugar a un nuevo comienzo allí donde todo parecía haber concluido, es una acción única que culmina en un acto único. La necesidad del perdón hace justicia al hecho de que cada ser humano es más de lo que hace o piensa. Solo el perdón hace posible un nuevo comienzo para el actuar, comienzo que necesitamos todos y que constituye nuestra dignidad humana”. O como expresa en otras de las inolvidables páginas de La condición humana: “Sin ser perdonados, liberados de las consecuencias de lo que hemos hecho, nuestra capacidad para actuar quedaría (…) confinada a un solo acto del que nunca podríamos recobrarnos”. Perdón y la otra acción propiamente humana según Arendt, es decir la promesa –promesa de amistad o quizás de una historia de amor- (“Sin estar obligados a cumplir las promesas efectuadas –escribe Arendt- no podríamos mantener nuestras identidades, estaríamos condenados a vagar desesperados, sin dirección fija, en la oscuridad de nuestro solitario corazón”) se unen en el final apoteótico de la novela: “Sucedió muy deprisa. Alguien lo había decidido por ellas. Movidas por el consuelo en la aflicción se abrazaron con fuerza la una a la otra sin querer separarse nunca”.

Joyce Carol Oates, Un libro de mártires americanos, Alfaguara, Madrid, 2017

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